Alerta el BPI sobre riesgos en mercados emergentes

Alta probabilidad de éxodos de capital por sobrestimar en 2 puntos porcentuales el potencial económico de cinco países de Latinoamérica.
La sede de la institución en Suiza.
La sede de la institución en Suiza. (Especial)

Es posible que los economistas y los inversionistas extranjeros hayan sobrestimado en 2 puntos porcentuales el potencial de la producción económica de un grupo de cinco países latinoamericanos, lo que lleva a la posibilidad de importantes flujos de salida financieros cuando se regrese a la realidad.

Por otra parte, “el endeudamiento masivo” de las empresas de los mercados emergentes también las dejaron vulnerables a las salidas de inversión siempre y cuando cambie el sentimiento del inversionistas hacia los mercados emergentes.

Esas son algunas advertencias del Banco de Pagos Internacionales (BPI), al que se conoce como el banco central de los banqueros centrales, en su informe anual publicado el domingo.

En medio de la desaceleración económica en gran parte de los países emergentes, el BPI dijo que “probablemente es inevitable” una “moderación” en el crecimiento frente a los altos niveles que se vieron en los últimos años.

Sin embargo, advierte que una desaceleración puede “poner en duda” la fortaleza económica subyacente de las economías de los mercados emergentes por tres razones.

En primer lugar, dice que los altos precios de las materias primas y los fuertes flujos de capital que se vieron en los últimos años “pudieron llevar a estimaciones demasiado optimistas sobre la producción potencial”.

En la última década se vio una mayor inversión extranjera bruta como porcentaje del PIB de las economías receptoras en más de lo que se dio en más un siglo, dice el BPI, con estos flujos se impulsó el auge de crédito y el aumento del crecimiento de los precios de los activos domésticos.

Esos auges financieros, junto con los altos precios de las materias primas, impulsaron la producción, pero el banco con sede en Basilea advierte que “no es prudente tratar esos efectos como permanentes”.

“Por lo tanto, los retrocesos de esos factores bien pueden llevar a resultados de crecimiento decepcionantes”, concluye el banco.

Afirma que la diferencia estimada entre la producción real y la potencial, es decir, la diferencia de producción, que corrija el efecto cíclico de precios de materias primas más altos y capitales “indica que las medidas tradicionales pudieron sobrestimar la producción potencial cerca de 2 por ciento en promedio en Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, desde 2010.

En segundo lugar, el BPI dice que el auge de crédito y la apreciación de los tipos de cambio reales en los mercados emergentes coincidieron históricamente con el cambio de recursos de sectores comerciales y no comerciales de la economía.

“Esos errores de asignación de recursos pueden debilitar sustancialmente el crecimiento de la productividad y requieren de un doloroso ajuste”, advierte.

Dados los auges financieros de los últimos 10 o 15 años, y el hecho de que el tipo de cambio real efectivo promedio de los mercados emergentes llegó a un máximo en 30 años a mediados de 2013 (aunque desde entonces cayó de nuevo hacia su promedio a largo plazo), los bancos temen una repetición.

En tercer lugar, el BPI teme que las “pesadas cargas de pago de deuda” que aumentan por el auge de crédito pueden pesar en el crecimiento a mediano plazo.

De acuerdo con el banco, la deuda combinada del gobierno y de los sectores privados no financieros en todos los mercados emergentes es 50 por ciento más alta en relación con el PIB que en la época de la crisis financiera asiática de 1997.

El crecimiento se concentró en el sector privado, donde las solicitudes de préstamos saltaron de 60 por ciento del PIB en 1997 a 120 por ciento el año pasado.

La “brecha de crédito” —la desviación del financiamiento del sector privado de su tendencia a largo plazo— está muy por encima de 10 por ciento en Brasil, China, Indonesia, Singapur y Tailandia, dice el BPI. En el pasado, dos tercera partes de todas las lecturas superiores a este umbral llevaron a “serias restricciones bancarias” en los siguientes tres años, agregó.

Por otra parte, los hogares y las empresas en Brasil, China y Turquía ya gastan “significativamente” más para pagar sus deudas que en el pasado. Un incremento en las tasas de interés que se detonen por el endurecimiento monetario en EU puede llevar a que los ratios de estos pagos de deuda sean aún más altos.

El BPI dice que el “abundante financiamiento con bonos” que resultó por los fuertes flujos de entrada a los fondos de bonos de los mercados emergentes en los últimos años llevaron a una mayor deuda corporativa.

Las relaciones de capitalización de las empresas de los mercados emergentes —su capitalización de mercado dividida por la suma del capitalización bursátil y el valor en libros de sus pasivos— cayeron a niveles que se vieron por última vez en la parte más severa de la crisis financiera, lo que minó su capacidad para absorber pérdidas y los deja vulnerables a los retrocesos del financiamiento.

En contraste, el BPI se muestra más tranquilo sobre los riesgos que se derivan por la deuda en moneda extranjera de los mercados emergentes. Señala que los préstamos bancarios transfronterizos ahora solo representan 6 por ciento del PIB, inferior a 10 por ciento en el año 2000.

Sin embargo, surgieron otros riesgos potenciales. La participación de la deuda pública interna (en comparación con la deuda externa) que están en manos de los inversionistas extranjeros pasó de cerca de 9 por ciento en 2005 a más de 25 por ciento en promedio. En México, Indonesia, Polonia y Perú se encuentra por encima de 35 por ciento, lo que coloca a estos países especialmente a merced de las reasignaciones de cartera de los inversionistas extranjeros.

El banco dice que los mercados emergentes fortalecieron sus defensas contra las crisis financieras al aumentar sus reservas de divisas de cerca de 10 por ciento del PIB, a mediados de la década de los 90, a alrededor de 30 por ciento, incluso si algunos países, como Argentina que tiene 5 por ciento, se quedan muy por detrás.

También señala la mayor flexibilidad del tipo de cambio, marcos macroeconómicos más sólidos y regulaciones prudenciales más estrictas entre los factores que pueden hacer que las economías emergentes sean más sólidas.

Sin embargo, le preocupa que el rápido crecimiento de la industria mundial de gestión de activos puede magnificar las repercusiones si los inversionistas se van rápidamente a la primera señal de problemas, lo que llevaría a salidas “desestabilizadoras” que amplifican las fluctuaciones de los precios.

“El cambio de financiamiento bancario a los gestores de activos extranjeros pudo alterar la dinámica de los mercados de una manera que todavía no comprendemos bien”, concluye.

25%

Promedio de deuda pública interna de las economías emergentes en manos de inversionistas extranjeros; México, Perú, Polonia e Indonesia alcanzan 35%

4%

Reducción de deuda en moneda extranjera que alcanzaron las economías emergentes de 2000 a 2010, el promedio es de 10 por ciento del PIB

50%

Alza de la deuda combinada de gobierno e IP no financiera respecto al PIB  en economías emergentes desde 1997