Alemania: sí a reformas, no a un endeudamiento

El secretario de Estado considera que el conflicto en Ucrania y el flujo de migrantes son retos que la UE debe sortear.
Más de un millón de migrantes arribaron el año pasado a Alemania.
Más de un millón de migrantes arribaron el año pasado a Alemania. (Michaela Rehle/Reuters)

Alemania debe aumentar sustancialmente su inversión pública nacional. Hay muchos proyectos que tienen un mayor rendimiento económico que el actual costo de financiamiento del gobierno.

Esos son solamente dos ejemplos de los consejos que a menudo le dan a Alemania con relación a su política fiscal. Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), cantó la misma tonada en la reunión anual en Washington, con la que instó a Alemania a “utilizar su espacio fiscal”.

Esto es, por supuesto, un debate legítimo, pero se tiene que dar el contexto. El desempleo en Alemania se redujo, el crecimiento subió y el presupuesto está en equilibrio. Pero esto es más que excepcional. Los conflictos que aún no se resuelven en Ucrania, Siria y Libia socavan la estabilidad regional y provocan un flujo sin precedentes de migrantes y refugiados hacia Europa, más de un millón de ellos llegaron a Alemania el año pasado.

Económicamente, las perspectivas para la mayor parte de Europa, y en especial para la zona euro, se mantienen desoladoras. El crecimiento consistentemente se encuentra por debajo y el desempleo por encima de los niveles previos a la crisis. Los niveles de endeudamiento se encuentran en promedio en más de 90 por ciento del producto interno bruto en los países de la zona euro.

No hay duda de que vivimos tiempos difíciles y que el Fondo Monetario Internacional tiene razón al considerar los niveles históricos de deuda global como un obstáculo para el crecimiento. En esta situación, la solución no es más endeudamiento, sino mantener la capacidad para hacer frente a eventuales crisis.

En ese respecto, Alemania es el ancla de estabilidad política y económica para la Unión Europea. Al aprovechar las reformas del mercado laboral, que se implementaron al empezar el milenio, mantuvo su base industrial y su competitividad a escala mundial. Su PIB es más grande que el de los 21 estados miembros de la Unión Europea combinados, mientras que al mismo tiempo su presupuesto público general está cerca del equilibrio desde 2012.

Como resultado, el gobierno alemán fue capaz de aumentar considerablemente la inversión pública en los últimos años. Para 2020, gastará 100 mil millones de euros más de lo que hizo en 2005, junto con un fuerte aumento de la demanda interna.

Esto no es para negar que hay espacio para introducir mejoras. Alemania necesita, por ejemplo, agregar capacidad de planeación para facilitar la inversión en infraestructura más rápida y de manera más confiable. Y en el ámbito de las políticas sociales y de bienestar, el equilibrio correcto debe alcanzarse entre las medidas productivas y de redistribución.

En el contexto del debate sobre la reforma de pensiones, por ejemplo, tenemos que evitar medidas costosas para grupos limitados de jubilados y en su lugar mejorar la sustentabilidad del sistema. Permitir que los trabajadores de más edad se puedan mantener en el mercado laboral durante más tiempo sin que tenga un efecto negativo a lo que tienen derecho es un paso en la dirección correcta.

Los costos laborales unitarios tienen que mantenerse en línea con el crecimiento de la productividad con el fin de conservar la competitividad de las empresas alemanas. Mantener bajo control el gasto de seguridad social mientras al mismo tiempo se ofrece un alivio fiscal a los ingresos de las clases medias parece una forma prometedora de avanzar. A esto lo tiene que acompañar una tecnología digital e infraestructura mejorada.

Sin embargo, nada de esto constituye un argumento a favor para nuevos déficits. Por el contrario, Alemania debe fijar la mira para hacer reformas estructurales y mantener su postura de política fiscal prudente con base en el Schwarze Null, o cero negro, del presupuesto en equilibrio.

La estabilidad continua y el éxito económico de Alemania no solo es en su propio interés, sino también el ideal de la Unión Europea en su conjunto y el de la zona euro en particular. Sin Alemania como el ancla de estabilidad, la capacidad de la eurozona para actuar se reduciría significativamente.

La gestión de la migración y las crecientes amenazas a la seguridad, adaptarse al futuro digital y hacer frente a los retos demográficos requieren de un considerable gasto público en el futuro. Pero ni siquiera John Maynard Keynes recomendaría que Alemania se diera el gusto de tener un déficit en el gasto en este momento. A pesar de lo impopular que puede ser, ahora más que nunca se necesita una política fiscal prudente.

 

El autor es secretario de Estado del Ministerio Federal de Hacienda de Alemania.