CRÓNICA | POR LUIS CARLOS VALDÉS DE LEÓN

El pulso madrugador de Abastos

La costumbre hace que el cuerpo no resienta el trabajo realizado.

La actividad en este complejo comercial de Torreón muchos la conocen, pero poco se valora aunque da empleos a miles de personas. El ir y venir de hombres cargando enormes costales y cajas es la constante.

Torreón, Coahuila

Las calles de Torreón lucen sin tránsito vehicular habitual. Son las cinco de la mañana, aún las lámparas  iluminan el andar de las pocas personas que se animan a caminar, en medio de la oscuridad invernal que prevalece, al igual que el frío que hace temblar al más valiente.

En el bulevar Diagonal Reforma está el Mercado de Abastos de La Laguna, cuyo proyecto nació en 1975 y que inició operaciones en ese año por parte de comerciantes provenientes del Mercado Alianza.

Con ese mismo espíritu, hombres, mujeres y niños, desde las primeras horas del día, dan vida propia a este complejo comercial.

Propietarios de bodegas, choferes de tráileres, cajeros, cargadores y estibadores, son el pulso madrugador de este cuerpo comercial, cuya actividad muchos conocen, pero que poco se valora y que da empleos a miles de personas, que allí se dan cita día con día.

En la bodega 217, ubicada sobre la calle del Maíz, pilas de cajas de fruta dejan ver la figura de Alfonso Sánchez Ramírez, acomodando contenedores de manzana. Es el secretario general del Sindicato General del Mercado de Abastos y el Mercado Alianza.

“Nuestro trabajo es carga y descarga de la mercancía que viene de fuera, pero también se carga la mercancía que se distribuye aquí en la región, tenemos patrones que vienen de Parral, Chihuahua, a surtir aquí al mercado”, expuso.

"Fue en 1974, cuando se abrió el Mercado de Abastos de Torreón".

El ir y venir de hombres cargando enormes costales y cajas es la constante. Según comenta, el sindicato está integrado por 262 estibadores que trabajan de manera eventual, además los trabajos fijos que suman dos mil 300 trabajadores de bodega de confianza, contratados directamente por los comerciantes.

Según comentó, existe un convenio de preferencia que les otorga el derecho de trabajar únicamente en carga y descarga.

El trabajo de los estibadores comienza desde las cuatro de la mañana y termina en algunos casos hasta las cinco de la tarde, en que cierran las últimas bodegas.

Frutas y legumbres es lo que más se desplaza en el mercado. Con 49 años de edad y 32 años dentro del mercado, “Poncho”, como lo conocen sus compañeros, viene desarrollando esta actividad desde el Mercado Alianza, cuando a los cuatro años de edad vendía ajos y limones en aquel sector.

“Fue en 1974, cuando se abrió el Mercado de Abastos, y llegue ayudando a cargar sus bolsas a las amas de casa, para luego ingresar al sindicato que en 1996 tenía 382 estibadores y que se vivieron algunas huelgas”, recuerda con nostalgia.

La costumbre hace que el cuerpo no resienta el trabajo realizado en la madrugada. Sin embargo, la edad pesa y no perdona.

"Lejos de sacrificio, son satisfacciones de sacar adelante a nuestros hijos y llevar el alimento a la casa".

“Los costales de repollo pesan hasta 50 kilos, hay jóvenes que los levantan con facilidad, pero a mi edad se complica. Aunque patrones conscientes nos dan la oportunidad de laborar en una bodega, como sacar y acomodar manzana”.

Sobre qué se llega a sacrificar, sin inmutarse contestó: “nada, el trabajo es muy bonito, lejos de sacrificio son satisfacciones de sacar adelante a nuestros hijos y llevar el alimento a la casa. Como todo trabajo, cuando se hace con cariño, con gusto, todo trabajo es liviano”.

Su labor termina a las dos de la tarde. Luego se retira para convivir con su familia. Su hora de dormir es de las ocho de la noche hasta la madrugada. Aprovecha los dos días al año, en que se cierra el Mercado de Abastos:  el 25 de diciembre y el primero de enero.

Aunque califica el oficio como noble, no está exento de riesgos, algunos han sido atropellados en su trayecto al trabajo, sufren caídas o tropezones en su actividad, pero tiene sus recompensas.

“Se nos paga por lo que se realiza, por trabajo y producto. Los que tienen sueldo fijo son los empleados de confianza. Los sindicalizados llegan a ganar por día trabajado, bien pagado, hasta 400 pesos y lo menos 250 a 300 pesos, trabajando desde tres a cuatro días a la semana.

En una jornada por ejemplo, un camión llega a tener hasta 42 toneladas de papa, cuya descarga se realiza entre dos personas, por lo que en promedio llegan a cargar hasta 21 toneladas cada uno.

Igual puede ser de frijol, caña y demás. Otros contenedores están surtidos con productos de todo tipo, en promedio son 17 a 18 toneladas, también puede ser descargado por dos personas, aunque si es más complejo el producto, se asigna a participar hasta seis personas.

Pan y café entre carga y descarga

Entre carga y descarga, un cafecito y un pan dulce, reconfortan más con el frío como acompañante. Tras el esfuerzo realizado, la hora del almuerzo se da de nueve a diez de la mañana.

Las tradicionales gorditas son lo mejor, aunque los frijolitos con huevo y tortillas, tampoco faltan de algunas fondas del lugar. En ocasiones se organizan para entre ellos, compartir su propio almuerzo y ahorrarse unos pesos.

El oficio de estibador en algunos casos, se va heredando y exige mucha disciplina. Al menos eso menciona José Ángel Rocha Valenzuela de 52 años  de edad y 30 como estibador. Junto a su hijo Alberto Rocha Contreras de 20 años, descargan un camión lleno de repollo, coliflor, cebolla, calabaza.

Un reto, andar entre las calles del mercado

“Este es un trabajo que requiere de disciplina, sin alcohol, ya que exige estar muy alerta y no podemos caer en ningún tipo de riesgo”, aseguró que entre padre e hijo, llegan a cargar hasta 30 toneladas al día.

A decir de Sánchez Ramírez, líder sindical, la labor para algunos termina a las once o doce del mediodía, otros hasta las cinco de la tarde. Mientras tanto, aún en la oscura madrugada, la luz del tráfico de tráileres, camiones, camionetas y vehículos, iluminan las calles interiores de este centro comercial.

La actividad es pausada aún a las cinco, pero entrada las seis de la mañana, la paciencia enciende las habilidades, pues es todo un reto para el visitante andar entre las calles que albergan las 243 bodegas que integran el Mercado de Abastos de La Laguna.

Cargadores, personas con diablitos, bicicletas, camionetas repletas de frutas y verduras, otros a pie; calles bloqueadas por largos remolques, continuarán siendo parte del rostro madrugador de este importante complejo comercial.