AB InBev suaviza su política de austeridad

Su presidente ejecutivo cada vez viaja menos en aviones comerciales y usa las naves del corporativo.
La marca cervecera es conocida por sus métodos para reducir costos.
La marca cervecera es conocida por sus métodos para reducir costos. (Francois Lenoir/Reuters)

Hay indicios de que se suaviza un poco el enfoque inflexible de beneficios que tiene Anheuser-Busch para recortar costos.

La cervecera con gran afinidad a comprar es muy conocida por reestructurar las cómodas salas de juntas de las empresas que tiene como objetivo para fusiones y adquisiciones, y eliminar los comedores privados, los coches de la compañía y los hoteles de lujo.

Pero desde la oferta que hizo en noviembre por 71 mil millones de libras por SABMiller, con sede en Reino Unido, Carlos Brito, presidente ejecutivo de AB InBev, surca con menos frecuencia los cielos en clase económica o de negocios, y lo hace más seguido en aviones privados corporativos.

Esto marca un contraste con la habitual política de meritocracia de AB InBev. “Todos nos hospedamos en el mismo lugar, todos viajamos en la misma clase, se eliminan todos los símbolos de estatus... Por eso tratamos de evitar las prestaciones”, dijo Brito a Financial Times el año pasado.

AB InBev opera dos aviones Dassault Falcon que heredó y conservó después de comprar Anheuser-Busch por 52 mil millones de dólares en 2008. La cervecera Budweiser, con sede en San Louis, tenía ocho aviones corporativos en ese tiempo.

AB InBev confirmó que “a la luz de su agitado e impredecible itinerario de viajes de los últimos meses, Brito utilizó los aviones en algunos de sus viajes de negocios”.

El ejecutivo trotamundos hizo viajes intercontinentales de forma más intensa de lo normal en los últimos meses para asegurar un acuerdo de la junta de SABMiller. Aunque AB InBev tiene su sede en Lovaina, Bélgica, Brito suele usar Nueva York como su base de operaciones, porque 74 por ciento de las ventas del grupo se dan en el continente americano.

Sus viajes incluyeron varios vuelos seguidos a Londres para reunirse con Jan Du Plessis, presidente de SAB, y a Sudáfrica, donde la compañía, anteriormente conocida como South African Breweries, tiene sus raíces, para tratar de ganar a los accionistas ansiosos por mantener la cotización en Johannesburgo.

“Los viajes lo matan”, dijo una persona que conoce la situación. “Tuvo que utilizar aviones privados”.

Meses antes de la adquisición de Anheuser-Busch, Brito habló contra las naves privadas en una conferencia en Stanford. “No tenemos aviones corporativos. No tengo una oficina. Comparto una mesa con mis vicepresidentes”, dijo.

Brito todavía no cuenta con una oficina y se sienta en una mesa abierta con los otros altos ejecutivos del grupo. Pero si la oferta de su compañía tiene éxito, está listo para adquirir otros dos aviones corporativos.

SAB tiene dos aviones con sede en África, un continente donde AB InBev prácticamente no tiene operaciones. SAB argumenta que algunos de sus altos ejecutivos tienen que hacer viajes a cuatro de los cinco países africanos en una semana, y eso no es posible hacerlo a través de vuelos comerciales.

Si la compra de AB InBev tiene éxito —actualmente la operación la analizan los reguladores— se volverá un negocio mucho más global, con operaciones en todos los continentes, un factor que puede usar la compañía para justificar una política menos frugal en materia de viajes corporativos.

Por ahora, la compañía indicó que no hace cambios, utiliza los vuelos comerciales y sigue la misma política en todo el mundo. “Es muy conocido que esos aviones se usan cuando la solución que ofrecen es costeable”, dijo AB InBev. “Se utilizan de manera limitada cuando es la opción más rentable y cuando hay pocos vuelos entre los lugares que se visitan”.