Zapatero, profesión en vías de extinción

Don Juan Tamayo recibe si acaso unos 5 clientes al día y el dinero rara vez alcanza para pagar por los gastos de él y su esposa.
Los 60 años de experiencia de don Juan ya no le dan para subsistir.
Los 60 años de experiencia de don Juan ya no le dan para subsistir. (Raúl Palacios)

Monterrey

Son pocos pero fieles los clientes de Don Juan Tamayo; personas que han acudido a solicitar sus servicios desde hace muchos años y han heredado esta tradición incluso a sus hijos o nietos. Pero estos cada vez acuden menos y rara vez recibe un cliente nuevo en su pequeño taller.

Tamayo ha sido zapatero desde hace 60 años, y aunque su ganancia nunca fue particularmente buena era suficiente para subsistir junto a su esposa y cinco hijos (a quienes pagó la escuela con lo que ganaba arreglando zapatos y otros artículos de piel).

Ahora, sin embargo, recibe si acaso unos 5 clientes al día y el dinero rara vez alcanza para pagar por los gastos de él y su esposa.

"Lo bueno es que mis hijos se preocupan por nosotros y nos ayudan porque aquí ya no da", mencionó el zapatero.

Tamayo reconoce que su oficio está al borde de la extinción; lo sabe desde que empezaron a comercializarse en México los zapatos de origen chino, y vio la proliferación de los centros comerciales con tiendas de calzado a precios bajos y diseñados solo para durar una temporada.

Así, consideró el artesano, nunca va a haber interés por parte de las personas de buscarlo para arreglar su calzado. Y seguir la corriente de la moda es más sencillo si uno gasta solo 200 pesos por adquirir un zapato, en lugar de mandar a hacer uno cuyo diseño será "anticuado" en unos pocos meses.

"Ya no les interesa estar viniendo con nosotros", argumentó.