Ni el dirigente nacional pudo calmar la efusividad priista

Asistentes no dejan de vitorear en todo el acto.
La gente respondió al llamado.
La gente respondió al llamado. (Raúl Palacios)

Monterrey

Vistiendo camisas blancas y algunos portando reloj con correa de caucho color rojo, los políticos almorzaron en el restaurante del hotel junto a Cintermex.

En una mesa ubicada al fondo y a la izquierda del lugar, le entraron duro al machacado con huevo, o  huevos rancheros, sin faltar los frijoles refritos y salsa ranchera.

Ahí estuvieron los abanderados por Monterrey, Adrián de la Garza; San Pedro, Bernardo Bichara; Guadalupe, Francisco Cienfuegos; por Santa Catarina, Héctor Morales; Juárez, Heriberto Treviño; y García, Carlos Barona.

Y así fueron haciendo acto de presencia Ivonne Álvarez, quien ocupó lejos de ellos, una mesa de cuatro lugares que compartió inicialmente con el dirigente estatal priista, Eduardo Bailey; y su coordinador de campaña, Alberto Almaguer.

El nuevo delegado del PRI en Nuevo León, Enrique Jackson, se sentó con ellos y posteriormente hizo su arribo César Camacho, líder nacional.

De ahí se fueron caminando  a la sala D de Cintermex, donde se llevó a cabo el evento.

Mucha gente se quedó sin acceso al lugar y en la entrada de candidatos prevaleció el desorden.

Ya en el evento, a los encargados de logística y organizadores se les salió de control la gente que alentaba a los candidatos.

Sin saber que era una falta de respeto, interrumpieron en varias ocasiones el mensaje de César Camacho.

La pregunta que se hicieron muchos: ¿Quién coordinó a esa gente para vitorear a los gallos, o reventaran el evento?

El líder nacional se disgustó porque tuvo que solicitar a los porristas con ademanes que le permitieran hablar, lo que ni él pudo lograr.