Hasta en el velorio, las penas con pan son menos

Acompañar al muerto con comida no era una ligereza, sino un proceso de comunidad, donde los vecinos apoyaban con alimentos a los parientes del finado y donde había un ambiente de conversación y ...

Monterrey

En los pueblos y comunidades de Nuevo León, cuando una persona fallecía, lo más común era velarlo en su propio domicilio, y el proceso de duelo era acompañado por la cocina típica norestense y bebidas alcohólicas para pasar la primera noche de velación.

Acompañar al muerto con comida no era una ligereza, sino un proceso de comunidad, donde los vecinos apoyaban con alimentos a los parientes del finado y donde había un ambiente de conversación y apoyo. Por ello, era común aliviar las penas con un cortadillo, una carne molida con papas o, si la bonanza lo permitía, un cabrito acompañado de mezcal, tequila o café con piquete.

"Era un acto de comunidad, de la hospitalidad invertida, pues son los vecinos o familiares quienes corresponden por cortesía en la propia casa de los parientes del finado", relata el cronista Juan Jaime Gutiérrez.

Todavía hasta 1970 existían pueblos en el estado donde no había una funeraria. La noticia se propagaba rápidamente de boca a boca o por el megáfono de la plaza principal, algo todavía usual en algunas rancherías de China, Nuevo León. Vecinos y familiares prestaban su tiempo para ofrecer ayuda: lavar la ropa, conseguir el espacio donde sería enterrado el difunto y proveer de alimentos a familiares y a visitas.

Hoy lo usual es acudir a la casa funeraria, donde el servicio funerario ofrece café y galletas durante el tiempo que dura la velación.

Los historiadores coinciden en que hasta hace 50 años no era común elaborar dulces o comprar golosinas para celebrar ni la noche de brujas o Halloween, ni para los altares de muertos.