No sólo hay agua en el río Pesquería

En una trayectoria que abarca García, Monterrey, Apodaca y Escobedo, la degradación del afluente y sus riberas es alarmante.

Área metropolitana

Entre la basura, las descargas ilegales de las fábricas, corrales sin permiso y asentamientos irregulares, el río Pesquería agoniza.

Uno de los dos afluentes que aún quedan vivos en el área metropolitana -el otro es el río La Silla-, se consume frente al descuido de las autoridades municipales y la falta de personal de las delegaciones federales.

El caudal del Pesquería nace en el estado de Coahuila y atraviesa los municipios de García, Monterrey, Escobedo y Apodaca; a lo largo de esta trayectoria sufre diversas problemáticas que lo ponen en riesgo de convertirse en uno de los ríos más contaminados de México.

En un recorrido realizado por MILENIO Monterrey en diversos puntos del afluente, se constataron los daños sufridos por este paraje, que a decir de quienes habitan en sus márgenes, hace 10 años era un punto de reunión para la convivencia familiar.

El origen del problema

El río y sus problemas nacen en García, cuyo crecimiento demográfico explotó a partir de 1990, proyectándose 287 por ciento, pasando de 13 mil a 143 mil personas, según estadísticas. Existen 112 fraccionamientos, y el número sigue creciendo debido a que algunos están en proceso de regularización.

El municipio no tiene instalaciones de tratamiento de residuos adecuados y la autorización de múltiples desarrollos inmobiliarios de bajo costo ha destruido parcialmente la posibilidad de contar con el agua que corre por su cauce para consumo humano.

Adicionalmente se tiene registro de una descarga irregular de una planta de tratamiento de aguas residuales de Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey, misma que todavía no tiene permiso de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales para su operación oficial.

Al mismo tiempo, las riberas y sus cercanías sirven como tiradero de desechos de vecinos y carretoneros.

En el fraccionamiento Valle de San Blas, a la altura del puente Titanio, una gran cantidad de llantas obstruyen el paso del agua y generan encharcamientos que derivan en focos de infección.

Vivir entre basura

Al llegar a Monterrey, el Pesquería se torna un relleno sanitario.

Hay un tiradero de basura y escombro de más de 73 mil metros cuadrados en el sector de la colonia La Alianza. Ahí habitan varios carretoneros que subsanan la falta de servicio de recolección de desechos en estas colonias. Pero si bien hay un par de contendores municipales que son recogidos cada tercer día, la cantidad de basura supera la capacidad de recolección.

El camino al río puede seguirse con el olfato. La ruta se confirma minutos antes de ver el cauce, con las bolsas de basura tiradas a lo largo de los baldíos, y algunas casas de madera donde habitan quienes se dedican a la pepena.

De septiembre a noviembre, por medio de un programa de empleo temporal de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales se sacaron 4 mil toneladas de basura en más de 17 mil bolsas metalizadas.

La gente se ha acostumbrado a vivir así, pues la mayoría se dedica a recolectar basura.

En La Alianza, la basura no es el único problema: algunos vecinos tienen corrales cuyos desechos también van al río; en algunos sitios el hedor es insoportable. Entre los colonos abundan las enfermedades de la piel y los ojos. De entre las montañas de basura, mujeres, jóvenes y niños sin ningún tipo de protección separan desechos en busca de plástico, cartón y aluminio para vender.

Invasión de predios

La invasión de predios y los asentamientos irregulares son una problemática compartida por los cuatro municipios por los que pasa el afluente del Pesquería. Pero en Escobedo y Apodaca, el problema se exacerba.

En sus límites, una comunidad de 65 personas está en proceso de ser removida y llevada a otros puntos del mismo municipio; no obstante, los moradores de dos viviendas se ampararon contra ello.

En este municipio hay tres descargas permisionadas; una es una planta de Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey, donde se encuentra un área de tratamiento de aguas residuales. Una de Pemex, consistente en gas y petroquímica básica, y otra de Metales Refinados S.A de CV.

Y en Apodaca, el municipio más industrializado de América Latina, es también el que descarga más desechos al río Pesquería.

Algunos de ellos están regulados y cuentan con permiso, como las cuatro plantas de tratamiento de aguas residuales de Agua y Drenaje (Santa Rosa, Noreste, Pesquería y Dulces Nombres), además de la empresa Pieles y Grasas S. A de C.V.

Sin embargo, hay descargas ilegales en algunos puntos, que por su ubicación hacen casi imposible saber de dónde provienen, como el caso del Antiguo Camino a Santa Rosa.

El olor a químicos se percibe con sólo bajar la ventanilla del vehículo, a la altura de uno de los seis puentes construidos a lo largo de este río luego del huracán Alex.

La industria no es el único contaminante de este cauce, que si bien lleva poca agua, en época de lluvias crece considerablemente.

También se han detectado corrales ilegales de ganado bovino en al menos dos puntos. En cuanto a la invasión de predios, en este ayuntamiento es más perceptible la problemática.

En la colonia Balcones del Norte hay 87 viviendas, mientras que en la colonia Santa Rosa, existen 156.

Sus habitantes perdieron su patrimonio en 2011 a consecuencia de las lluvias del huracán Alex, convirtiéndose en una de las zonas más devastadas respecto a damnificados, aunque esto no ha bastado para lograr su reubicación.