“El sentimiento es de mucho dolor”

Afectados narran cómo cambiaron sus vidas al no tener información sobre sus seres queridos.
Virginia Buenrostro Romero, vecina de San Pedro Garza García,  muestra la imagen de su hija Jocelyn.
Virginia Buenrostro Romero, vecina de San Pedro Garza García, muestra la imagen de su hija Jocelyn. (Carlos Rangel)

Monterrey

Ahí están participando en protestas y marchas, en ruedas de prensa, ante los micrófonos, dando entrevistas, tocando puertas y sin respuesta de las autoridades.

Son papás, mamás y familiares que forman parte de esas historias que parecen extraídas de algún filme de terror por la desaparición de sus hijos, hermanos o nietos, pero que llegan  a convertirse en una pesadilla dolorosa y real, sin guión de por medio.

Secuestran a hijos y chofer

Como botón de muestra, Virginia Buenrostro Romero, vecina de San Pedro Garza García, narra la odisea que inició el 15 de noviembre del 2010 cuando ella y su esposo fueron secuestrados, pero al intentar ser rescatados por sus hijos Jocelyn y David Johan, el novio de la primera y el chofer de la empresa de su esposo, nadie volvió.

“A ella la secuestraron junto con su novio y un chofer de la empresa de mi esposo que fueron a buscarnos al rancho en Cadereyta, ya que cuando nos hablaban no les contestábamos el teléfono.

“Como mi esposo y a mí nos traían secuestrados, ahí se quedaron parte de los secuestradores en el rancho; al tercer día de pedir rescate y al ir mi hijo David a pagar los 80 mil pesos y entregar las facturas de seis camiones de carga que estaban en el rancho, se quedaron con él, el chofer y el novio, ya no regresaron”, recuerda.

Jocelyn, de 27 años, se acababa de titular de licenciada en Educación para impartir clases como maestra de preescolar, y David, de 26, era egresado en sistemas de comunicación, que trabajaba en la ciudad de Puebla en la empresa Movistar, reparando antenas por las carreteras.

“El sentimiento es de mucho dolor, de desesperación de no saber nada de ellos, no sabemos si viven o cómo los traerán, es una angustia y una agonía, estamos todavía secuestrados, a toda la familia, cambiamos nuestra forma de vida, la casa ya no es igual, ella y su hermano eran muy alegres y ponían la chispa en la casa”, relata.

Cuenta los días: 551

Don Óscar Valdez Ramírez, vecino de la colonia Santa Cruz en Guadalupe, cuenta uno a uno los días en que su hija Yalileth desapareció.

“Van 551 días sin verla. Ella fue a renunciar el 22 de mayo del 2013 a su trabajo a McDonald´s La Pastora, entregó su uniforme y todo, lo único que supimos es que había una persona, un varón a bordo de un vehículo rojo que se estacionó lejos, y unos judiciales dicen que para que no se viera el rostro, el hombre nunca se bajó.

“Hasta la fecha, ya no supimos nada de ella, sino hasta que los siete días después  nos hablaron pidiendo un rescate de 500 mil pesos, (pero) no logramos reunir la cantidad porque ellos querían el 100 por ciento y la última llamada fue para decirnos que ya sabían qué iban a ser con ella. Ya no supimos nada ni a través de ella ni por otras personas”, señala su padre.

Don Óscar explica que el caso va muy atrasado, por lo que decidió acudir cada viernes al Grupo Antisecuestros pero cuando vio lo hermético y las trabas para darle información, decidió integrarse a la agrupación Amores donde lo recibieron, al igual que en CADHAC.

“Ella desapareció y no la han encontrado… las líneas de investigación  indican que están hablando de que probablemente la tienen en la ciudad de Reynosa”, explica.

“De que duele, duele”

De lejos, doña Cecilia Martínez Varela, vecina de la colonia Hacienda,  parecería que lleva un delantal, pero en realidad es uno creado por ella especialmente con una fotografía impresa para encontrar a su hija  Cecilia Yolotsi Macías Martínez, de entonces 19 años de edad.

La estudiante de preparatoria José Vasconcelos salió el 3 de julio del 2013, y ya nunca más la vio regresar del cine.

“Mi hija salió ese día, un miércoles, iba al cine de La Pastora, salió, ya no regresó, por más le estuve hablándole por teléfono; nada más las vecinas nos dijeron que la vieron tomar el ecotaxi.

“Siento que estoy en paz porque la pongo en manos de Dios… que duele, duele, eso sí; de hecho fuimos  a una exposición en el Museo Metropolitano donde pusieron unas fotos de ella, que aparece en unas fotos en (forma de) corazones, el mandil… claro, (lo traigo porque) la esperanza siempre está, porque yo la siento, a veces dicen que las madres sentimos y yo la siento que está bien… entre comillas, verdad”, señala doña Cecilia.

Jesucristo, ¿dónde están?

María Cruz Garza Guerrero, vecina de la colonia Santa Cruz, explica el caso de su hermana Érika Garza Guerrero, de 30 años, y Bruno Israel González Garza, de 3 años, ya no supo más desde el 26 de agosto del 2011.

“Una persona le tocó a la puerta de su casa de la colonia Dos Ríos, y luego llegaron tres personas más, ella pedía auxilio, que la ayudaran, (decía:) ¡Que su hijo no, que su hijo, no!, pero dos veces se los quitó y ella luego la echaron.

“Las investigaciones (van) muy lentas, no hay nada, quisiéramos que se aplicaran más y que hubiera resultados a las autoridades, les pedimos que queremos más justicia.

“Es algo muy fuerte, algo que nos ha lastimado mucho a toda la familia, mi mamá está malita por lo mismo; la vida nos ha cambiado totalmente, no hay un solo día que no pensemos en ellos, ¿dónde estarán?, le decimos al Señor Jesucristo en sueños: “Revélanos, ¿en dónde podrían estar?”, son tres años de tormento, es como estar muertos en vida”, narra María, con voz entrecortada.

Claves

Guardan esperanzas

- Luego de acudir cada viernes al Grupo Antisecuestros pero cuando vio lo hermético y las trabas para darle información, Óscar Valdez Ramírez decidió integrarse a la agrupación Amores.

- Cecilia Martínez Varela, vecina de la colonia Hacienda,  parecería que lleva un delantal, pero es uno creado por ella con una fotografía impresa para hallar a su hija  Cecilia Yolotsi Macías.