Alistan últimos trabajos en el Templo de Dolores

Los especialistas están por concluir la primera etapa de restauración en una de las bóvedas y después pasarán a la cabecera del altar.
El personal de Restaurika dijo que la parroquia tenía más tonos ocres.
El personal de Restaurika dijo que la parroquia tenía más tonos ocres. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

El Templo de Nuestra Señora de los Dolores se alista para la última temporada en los trabajos de restauración.

Esta semana el equipo de restauradores terminará la bóveda B así como el ábside (parte situada en la cabecera del altar), para después iniciar la recuperación de la última sección del templo, culminando así la primera fase.

La parroquia construida en 1909 es uno de los pocos registros que existen en Nuevo León con murales en su interior. Tras años de abandono y daños a causa de la humedad, hoy lucen completamente renovados.

Para Selene Velázquez y Ricardo Mejía, restauradores de la empresa Restaurika quienes llevan el proyecto, los últimos meses han sido de constantes descubrimientos.

Con un ornamento en muros pocas veces vista en el norte de México, los murales de la iglesia se pintaron originalmente en 1909. Casi 30 años después se pintaron nuevas imágenes y lo mismo se repitió en 1968.

Las tres etapas han sido descubiertas en los muros y por ello los trabajos de recuperación han buscado respetar cada una, por lo que han dejado algunas calas o ventanas arqueológicas en el templo.

"Nos revelan una decoración previa, en este caso tenemos varias etapas de la decoración y en la restauración siempre se respeten las historias (...) en este caso tenemos una pintura muy cercana a inicios del siglo XX, la de finales de los 30 y el repinte de finales de los 60", informó Velázquez.

cambios de estilo

Los trabajos en el Templo de Dolores han evidenciado que entre 1909 y 1938 el interior de la parroquia (Juan Méndez y Ruperto Martínez) debió lucir una mayor carga de ornamentos, con una tonalidad donde predominaba el ocre.

Era, en sí, un espacio más oscuro que invitaba a la introspección de los fieles.

"Tiene que ver con los cambios de estilos, o modas. Para principio del siglo hay distintas corrientes como el neogótico, donde se busca recuperar los ambientes claroscuros y lo vemos aquí, pero ya a mediados del 20 hay otra estética por la luminosidad que otorga el cine o la televisión y entonces empieza una demanda a los párrocos por dotar de luz a los templos", comentó Ricardo Mejía.

Los especialistas recomendaron un mantenimiento periódico para evitar una intervención a fondo.

Los trabajos se valúan en tres millones 685 mil pesos, recursos gestionados por Conarte, Conaculta y la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados.