Reflexionan en obra la permanencia de los oficios urbanos en Monterrey

El libro demuestra que en la metrópoli, la cultura laboral va más allá de las industrias.
Las panaderías son de los negocios que sufrieron cambios al llegar las primeras máquinas en Nuevo León.
Las panaderías son de los negocios que sufrieron cambios al llegar las primeras máquinas en Nuevo León. (Archivo)

Monterrey

Los oficios artesanales siguen existiendo en la gran metrópoli en que se ha convertido Monterrey. Los zapateros, panaderos, joyeros o sastres siguen ahí y lejos de extinguirse siguen difundiendo su saber generacional.

Esta es una de las reflexiones del libro Oficios urbanos tradicionales. El lado invisible de la cultura laboral regiomontana, coordinado por Lylia Palacios que se presentó en el auditorio del Museo del Noreste (Mune).

Ante más de 60 personas, Lylia Palacios junto a Juan Jacobo Castillo presentaron el título ofreciendo una perspectiva más allá “de las grandes industrias” de las cuales se ha estudiado y escrito mucho, como lo son la Cervecería Cuauhtémoc, la Fundidora de Fierro y Acero y la Vidriera Monterrey.

En entrevista, la coordinadora del título explica que el trabajo busca generar un debate y una reflexión sobre cómo se ha construido la memoria del trabajo en Nuevo León, vinculado principalmente a la industria, generando una identidad característica.

“A estos oficios urbanos no los queremos ver como algo que se quedó atrás, una cosa del pasado, sino como algo que ha logrado sobrevivir por todo este tiempo a pesar de. Es vivir el trabajo de otra manera, de disfrutar el trabajo”, opinó Palacios Hernández.

Barrios como La Independencia son famosos por sus comunidades de zapateros y carpinteros; oficios como los sastres, los joyeros y los panaderos aún persisten en el primer cuadro de la ciudad.

El historiador Juan Jacobo Castillo resaltó en particular la historia de los panaderos en Monterrey pues este oficio ha sobrevivido a distintos cambios, como fue a comienzos del siglo XX la introducción de la maquinaria frente al recelo del panadero tradicional.

“El caso de la panadería en la ciudad es importante porque al ingresar las primeras máquinas se generó una resistencia por parte del panadero tradicional ante los dueños que buscaban aumentar la producción”, apuntó Castillo.

Este libro se apoyó en el trabajo de 14 jóvenes estudiantes de la licenciatura en sociología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Cuenta, además, con el trabajo del investigador Eleocadio Martínez así como del fotógrafo Pablo Cuéllar.

Como reflexión de las entrevistas, la coordinadora del libro indicó que los artesanos “se sienten no reconocidos” pero lo compensan “con la recomendación del cliente a otra”.

“Se nos ha enseñado a escalar para ser ricos, pero ellos buscan vivir bien no acumular. Su idea no es la riqueza industrial de acumular el capital, no sino ‘que mi trabajo me de para vivir bien con mi familia’ y eso les permite quitarse esta bronca de la acumulación”, comentó.

La presentación fue el inicio de actividades del club de lectura “Historia entre Amigos”, coordinado por la Biblioteca del Museo de Historia Mexicana.