En Linares, un paseo por el huerto de las maravillas

El psiquiátrico San Antonio ofrece terapia hortícola a los enfermos. Diana Elizondo, ingeniero en Ciencias Forestales, con apoyo de estudiantes del Tec, creó el huerto.

Linares

El camino es guiado por huellas de vehículos sobre terracería, que se borran al soplar el viento. Tras atravesar el río utilizado, según cuentan, por congregaciones de brujos, se encuentra La Petaca, en el municipio de Linares.

A contraesquina de la capilla del pueblo, con fachada antigua en adobe y cuarteada, destaca una casa naranja que por sus rejas negras despide un vapor denso mezclado con un mentolado aroma a hierbas silvestres.

Al abrir su portón principal, un paisaje sonoro compuesto por una guitarra flamenca con suaves percusiones y una planta de textura aterciopelada de picoso aroma, similar al vaporub, dan la bienvenida al huerto.

Bajo la sombra de un frondoso naranjo, aparece una chica de ojos grises: "¿Quiere té, café, refresco o agua?, ¿Quiere té, café, refresco o agua?, ¿Quiere té, café, refresco o agua?", repite, sin dar espacio a una respuesta monosilábica.

Ella tiene retraso mental, su edad es de 41 años pero actúa y piensa como alguien de 12, por lo que fue internada en el psiquiátrico San Antonio.

La clínica se encuentra en el centro de Linares, de allí parte el autobús para La Petaca, donde los pacientes realizan su terapia hortícola.

La chica camina rápidamente por un pasillo con carteles de las especies que cultivan en el huerto, se detiene y saluda a sus veinte compañeros, quienes trabajan plantando en macetas de dos pulgadas.

José* introduce lentamente su dedo en la tierra para hacer un pozo donde distribuye tres semillas. Él es obsesivo compulsivo y le tomó un año cultivar sin guantes, pues el mínimo roce de la tierra y sus manos, lo alteraba.

"Al principio, no quería venir, ni tocar la tierra, pero me acostumbré, pero ya me lave las manos", recuerda José.

Atrás de él está María, quien dice sentirse mejor en la hortaliza que en su casa, porque allá tiene que lavar ropa. Mientras recolecta semillas, ve con ternura al joven de la silla de a un lado, él tiene esquizofrenia, ella trastornos a causa del consumo de pastillas para adelgazar.

Un hombre a camisa de rayas en color café y un pantalón beige se recarga sobre el muro anaranjado del área de trabajo, tiene sus manos sobre la boca casi llegando hasta la nariz.

"Ya hay 150 mil millones de bautizos de cristianos, y se empezó con seis, en el nombre de Jesucristo, amén", respondió.

Luego baja las manos, sonríe con una plenitud expresada no sólo por sus labios, también por sus brillantes ojos.

"Aquí es porque las plantas están muy bonitas, sembramos plantas y está muy bonito todo esto, me siento contento", y volvió a cubrir su rostro.

Diana Elizondo, una mujer de ojos verdes, viste de blanco y en tela de manta, se dirige con cariño al hombre y le indica que continúe con lo que estaba haciendo.

Ella es ingeniero en Ciencias Forestales, tras su experiencia en la biología y con el apoyo de estudiantes del Tec creó el huerto para pacientes del dispensario.

"Lo que queríamos era un proyecto productivo, así que nos tardamos, entonces era agosto cuando comenzamos y para febrero estábamos llenos de plantas", recuerda al señalar macetas de un metro con flores de lavanda.

Al ser notorios los resultados, decidió que las hierbas no sólo podían ser vendidas, también procesadas para generar nuevos productos como un condimento en base a sal de flor de Jamaica.

"En Francia, existe la flor de sal, que es una sal más fina que la normal, creí que sólo se daba en Francia e Italia, pero también en Colima, que es el único lugar de todo América que se produce la flor de sal. Se produce sólo por ciertas circunstancias naturales porque es la nata que sale del proceso de la evaporación", detalló Elizondo.

Los pacientes con ayuda de los encargados de la hortaliza realizan el procedimiento, mientras que Diana y su equipo apoyan la fase final que consiste en crear la sal, esto con el objetivo de mantener la higiene.

El último reporte de la Organización Mundial para la Salud (OMS) especula que del total del presupuesto destinado para el sector Salud, sólo el 2 por ciento es asignado a la salud mental, de esta cifra el 80 por ciento es para sostener hospitales psiquiátricos.

El jardín no sólo se limita a plantas aromáticas, pues al terminar la sección de cultivo le siguen unos diez naranjos, su sombra cubre a flores de asclepias, especie que resguarda a la mariposa monarca durante octubre.

A unos pasos del hotel de las monarcas se escucha un cacaraqueo.

"Andrés, él es un paciente que dijo 'es que a mí no me gustan las plantas, me gustan las gallinas'", recuerda Diana, mientras llama al hombre. Es alto, tiene cabello rizado, una parte la oculta bajo su gorra y su mirada se esconde tras unos lentes negros.

El gallinero está construido de piedras y palos de madera rodeados por una malla. Adentro hay una tina de metal con agua que funciona de ducha para las aves.

"Las saco a pasear todos los días, y tengo un negocio con esto, me llevo los huevos y los vendo a dos pesos cada uno", expresó el paciente.

Andrés es uno de los muchos jóvenes que ha ingresado, pues en los últimos dos años ha incrementado el porcentaje de niños y jóvenes que necesitan ser tratados.

"Cada vez tenemos más jovencitos, en depresión, estrés, ansiedad, o abuso de consumo de sustancias toxicas. Ahora la mitad de los pacientes son menores de treinta años, antes todos eran mayores de cuarenta porque las enfermedades comenzaban a los 45", explicó Diana.

El reporte de la Encuesta Nacional de Epidemiologia Psiquiátrica indica que el 50 por ciento de los trastornos mentales inician en las primeras décadas de vida, teniendo como cifra promedio los 21 años.

En México, 24.7 por ciento de los adolescentes sufren de problemas de aprendizaje, trastornos de ansiedad, déficit de atención, depresión e intentos de suicidio, según resultados de una encuesta sobre salud mental en jóvenes mexicanos publicada para el The Journal of Child Psychology and Psychiatry.

El dispensario San Antonio es una organización no gubernamental. Diana expresa que el sostenimiento y las medicinas son costos difíciles de cubrir. Al finalizar un recorrido por el jardín, Diana, sentada en una banca de metal blanca, típica de exteriores, recordó las noticias sobre el Día Internacional del Autismo, y su alta incidencia en los menores.

"La salud mental casi no es atendida, ni valorada", concluye con una hoja de romero entre sus manos.

*Algunos nombres de los pacientes se cambiaron a ficticios