Después de conseguir trabajo, el obstáculo es la infraestructura

Problema para trasladarse en silla de ruedas obliga a elegir el lugar “menos peor”.
La accesibilidad forma parte de los derechos humanos en el país.
La accesibilidad forma parte de los derechos humanos en el país. (Archivo)

Monterrey

No se trata sólo de enfrentarse a problemas como la falta de oportunidades laborales, bajos salarios y discriminación. A la hora de solicitar un trabajo, una persona con discapacidad debe también enfrentarse a la posible situación en qué ni siquiera pueda ingresar al lugar.

Estos van desde la inexistencia de rampas, los pocos elevadores, y el tamaño de los accesos que impiden el ingreso de una silla de ruedas, consideró Lili Sánchez, quien sufre una discapacidad de tipo motriz.

"Son cosas que debe una considerar cuando va a las entrevistas de trabajo. Piensas en el sueldo, en las prestaciones, en las oportunidades que tienes de crecimiento... Y luego piensas en los accesos, en los cajones de estacionamiento, en lo cansado que será subir estas rampas todos los días, y en lo empinadas que están".

Para Sánchez, el proceso de buscar un trabajo siendo una persona con discapacidad fue difícil y más aún si se le agregan las presiones normales que conlleva este tipo de situaciones, aún para personas que no sufren algún tipo de impedimento, como el caso de su silla de ruedas.

¿Ocurría con frecuencia?

"Tener que esperar en recepción, y que me llevaran a una sala aparte (que yo sabía no era en la que entrevistaban a los demás) porque mi silla no iba a caber por el pasillo, me pasó solo una vez. Pero sí me tocó muchas veces batallar por lugares de estacionamiento, rampas, y hasta el espacio en la oficina de una reclutadora, que era muy pequeña", relató Sánchez, quien actualmente trabaja en una empresa como contadora.

El problema rara vez fue la discriminación; aunque si llegó a ocurrir. El problema era más bien la imposibilidad de sentirse cómoda en un lugar que no proporcionaba seguridad para ella.

"Pregunté por las salidas de emergencia, y pues claro que son escaleras. Pero eso es en todos lados, está bien... Pero estábamos en el piso 45. Yo no puedo bajar 45 pisos, y menos dejar que alguien me cargue 45 pisos de escaleras; pobre de la persona, no íbamos a sobrevivir ninguno de los dos.

"Empiezas a pensar 'y, ¿si algo pasa?' Si el elevador no funciona, si hay un problema que tengamos que evacuar el edifico rápidamente o cualquier cosa, pues yo no la iba a hacer. En ese caso, pues mejor busqué mi seguridad".

La accesibilidad es un problema al que se ha enfrentado toda su vida, explicó Sánchez. Sus padres buscaron siempre que estudiara en colegios que facilitaran el ingreso y la salida de ella en su silla de ruedas, que pudiera valerse por si sola en ese sentido y no estuviera expuesta a algún riesgo.

"Luego entro a la universidad y me doy cuenta que están todavía peor que las secundarias... Tienes que estar en una privada o de plano batallar todos los días de tu vida; yo tuve suerte de que mis papás pudieron pagarme una educación privada. Pero en la vida laboral no puedes ser tan quisquillosa, no hay tantas opciones, y pues terminas (como en mi caso) eligiendo el trabajo menos peor", lamentó.