La pornografía, detonante de los abusos

Experto señala que hombres buscan llevar las películas a la realidad.

Monterrey

Para el psicólogo y sexólogo Luis Alfredo Gazca, de la Universidad de Yucatán, el abuso de la pornografía puede ser un detonante para que un hombre se convierta en una agresor sexual "de ocasión".

Explicó que los actos de violencia sexual pueden ser influidos por este material, en mayor medida en el caso de los hombres, porque perciben la mayor parte de las cosas a través de lo visual, y se enganchan con modelos alojados en la pornografía y que tienen que ver con la sumisión de las mujeres.

"Por eso a veces las relaciones sociales están orientadas a hacerle pensar al hombre que toma el cuerpo de la mujer porque le pertenece, porque el Estado, los medios dicen que una mujer siempre tiene que estar lista y dispuesta para cuando un hombre tiene apetito.

"Esto en la vida real se traduce en cómo miran a las mujeres en la calle, cómo abordan el cuerpo que, para su opinión, están exponiendo", dijo.

Gazca señaló que la exposición a la pornografía, en donde se da el trimonio que priva en las relaciones sexuales masculinas (erección, penetración y eyaculación), puede llevar al hombre a pensar que esto debe por fuerza traducirse a sus relaciones interpersonales, por la que los ataques y el abuso sexual dentro de los matrimonios y el noviazgo se presentan casi con la misma frecuencia que los ejercidos por un desconocido.

Dijo que un hombre puede sujetar a su pareja acerca de cómo deben darse las relaciones sexuales y qué tipo de prácticas deben estar incluidas en el coito, por lo que negarse a realizarlas puede ser un detonante para el uso de la violencia.

El psicólogo indicó que uso de la pornografía no tiene que ser muy frecuente para deformar la realidad de algunas mentes masculinas, ya que si ésta no se ve con un criterio y discernimiento adecuado, puede ser igual de peligroso en mayor o menos cantidad.

"Si no hay una visión crítica, se pueden ir con la finta, copian lo que ven y dan por hecho de que es un reflejo de la realidad", dijo.

Afirmó que no se puede satanizar la pornografía, sin embargo, la tendencia al sometimiento de la pareja en busca del placer propio es una constante en este tipo de material y por lo tanto puede causar un efecto no deseado, sobre todo en los más jóvenes.

¿Y después de la denuncia?

Las cifras de denuncia crecen, sin que al menos en Nuevo León se pueda conocer la estadística judicial sobre los sujetos a proceso por este delito, y no es del conocimiento público la efectividad de la impartición de justicia sobre este tema.

En el año 2010, el INEGI realizó una Estadística Judicial en Materia Penal que revela que la población de internos en los penales del estado que está cumpliendo una sentencia por el delito de violación alcanza 3.1 por ciento del número total de reclusos.

La cifra tan baja de sentencias no es un fenómeno local en lo que a violación y abuso sexual se refiere.

El estudio realizado por el INM, en coordinación con la ONU, señala que se trata de una problemática nacional.

"La diferencia que se observa entre las denuncias y las sentencias es la expresión más gráfica de la impunidad, de la forma en que las mujeres además de no tener garantizada una vida libre de este tipo de violencia, tampoco tienen acceso a la justicia ni a la reparación del daño.

"Esta es la evidencia de sistemas de procuración e impartición de justicia que no resultan ni efectivos ni eficaces", señala el documento.

En el caso del delito de abuso sexual, la cifra fue de 64 sujetos a proceso contra 4 puestos en libertad.