El Salto “es de particulares, pero ellos no lo saben”

Claudia Isabel Cerda narra cómo llegó a la verdad sobre el predio.
La Flor de la Canela, uno de los inmuebles más imponentes.
La Flor de la Canela, uno de los inmuebles más imponentes. (Roberto Alanís)

Zaragoza

Realizar una jornada de limpieza y orden en los viejos papeles de la casa llevó a Claudia Isabel Cerda López al hallazgo de su propiedad en el Salto, del municipio de Zaragoza.

Al mostrarle a su madre los dos contratos de compra venta, ella le dijo que "ni le moviera" al asunto, pues el Gobierno Estatal les había expropiado esa tierra hacia muchos años para hacer el parque ecológico y las cabañas.

Entonces los llevó con una amiga abogada y el primer comentario que ésta le hizo fue: "Así que son ustedes". La amiga acababa de pasar una temporada en este paraje turístico y había preguntado a los trabajadores del lugar sobre los dueños del predio, a lo que le había contestado: "Es de particulares, pero ellos no lo saben".

"Lloré varios días cuando me di cuenta de lo que nos habían hecho a mi y a mi familia, porque siempre viví creyendo en la expropiación, pero ésta nunca existió, nos despojaron", señala.

Dice que aunque el Fideicomiso Zaragoza, rector del parque El Salto, se firmó en 1986, desde dos años atrás habían entrado máquinas a realizar labores, incluso una palapa que su padre había construido frente a la cascada y que era usada por toda la gente del pueblo fue quemada y destruida para dar inicio a los trabajos.

En aquel momento, ella y su hermano Marco Antonio eran niños y por más preguntas que hicieron no hubo modo de contestarlas.

Ya eran más grandes cuando dolosamente se modificó nuevamente el Fideicomiso para permitir la venta de terrenos campestres. Otra vez llegaron máquinas a trabajar sobre lo que era un terreno virgen, para introducir servicios eléctricos, realizar un camino de piedra, lotear.

"Allí estaban las casitas güeras, así les llamábamos, un par de casas de adobe donde vivieron mis abuelos. De repente metieron máquinas y empezaron a construir residencias enormes", cuenta.

Una casa en especial, llamada por su dueño La Flor de la Canela, se puede observar desde el camino al parque, completamente construida en piedra, como una fortaleza.

En una visita realizada por MILENIO Monterrey se constató que aún se siguen vendiendo lotes y particulares construyen en el sitio, algunos terrenos son incluso utilizados para realizar carreras de caballos.

El parque se ha convertido a los largo de casi tres décadas en un punto turístico importante del estado, a pesar de las casi 4 horas de distancia que se encuentra del área metropolitana de Monterrey.

Los precios de la estancia en las cabañas del parque no son accesibles, van de 515 hasta 2 mil 600 pesos. Al ingresar a El Salto existe un cobro por persona, por vehículo, por el uso de las regaderas, por acampar, por pescar, etcétera.

"(En Semana Santa) las cabañas se llenan desde meses antes y casi no se puede uno mover aquí", cuenta un vigilante.

La pesca de truchas que se cultivan en unos estanques en la zona del nacimiento de la cascada tiene un costo de 15 pesos por pieza.

Para Claudia Isabel lo más importante es que se haga justicia a su familia, que se les regrese su legítima propiedad y se les indemnice por las pérdidas de 28 años.

Sobre el futuro de El Salto lo único que tiene claro es que siempre estará abierto para le disfrute de la gente, como siempre lo estuvo.

"Yo sólo quiero justicia para mi madre, para mi familia", puntualiza.