No me interesa, ni quiero pagar impuestos: oferente

Vendedores rechazan medida fiscal.
En diversas entidades del país han realizado manifestaciones en contra de la integración al RIF.
En diversas entidades del país han realizado manifestaciones en contra de la integración al RIF. (Cuartoscuro)

Monterrey

Lupita ha tenido un puestecito en el mercadito desde hace 8 años; ha vendido de todo. Desde pacas de ropa americana, zapatos usados, libros de segunda mano y taquitos de chilaca. Actualmente, vende esa chilaca por kilo, porque los clientes siempre le decían que era la más rica que vendían en Monterrey y Lupita es una señora de negocios; aprovechó la oportunidad.

Se le considera a un trabajador “informal” cuando no se encuentra afiliado al Sistema de Administración Tributario (SAT), no paga impuestos, no cuenta con seguro social... Lupita no hace nada de eso, nunca fue parte del Régimen de los Pequeños Contribuyentes (Repecos) y no se ha acercado a las instalaciones del SAT para unirse al Régimen de Incorporación Fiscal (RIF) que arrancó este año. No entrega facturas, ni es contribuyente con las arcas del fisco, porque no le interesa.

Cuando se le cuestiona sobre sus razones del por qué permanece en la informalidad, Lupita se incomoda y explica que, primero que nada, no le gusta esa palabra. “Informal, suena como si yo fuera una persona ladrona, que hace cosas mal y quedo mal con mis clientes. Yo jamás les quedo mal... Si me piden una paca de ropa, les entrego la paca de ropa, si quieren una orden de tacos, se les da la orden de tacos”.

Pero admite que si, si se refiere a Hacienda y pago de impuestos, no está incorporada. Ni ella ni el resto de las y los vendedores del mercadito expiden factures a los clientes.

“El presidente Enrique Peña Nieto acaba de anunciar un programa que se llama “Crezcamos Juntos” y busca incorporar a todos a la formalidad. ¿Sabe de los incentivos que se ofrecen?

Lupita se ríe y argumenta: “El incentivo sería que ellos pagaran el contador y que hicieran todos los papeles ellos... Y que no me cobren impuestos”.

Es que, explica Lupita, sabe que como buena mexicana debería de hacer las cosas como se lo exige el gobierno, pagar impuestos, hacer de su negocio algo formal y buscar la manera de aportar a su país. Pero no cree en las instituciones, no cree en los impuestos y le molesta que intenten tratarla como rica.

“Si viera como están las cosas en la colonia, no prenden los faroles de luz, está todo sucio. ¿Para eso quieren mis impuestos? No, yo mejor sigo con mi negocio, haciéndome una vida bien para mí y que los ricos, que si tienen para andar pagando sus impuestos, los paguen. Aparte, yo nada más ando vendiendo mis cosas, para lo que gano…”

¿No cree que a lo mejor ganaría más si estuviera dada de alta ante el SAT?

“Quién sabe. A lo mejor sí. Pero, ¿y si no? Ya me amolé, ya voy a tener que estar dando una parte de mi dinerito y no voy a poder regresar a esto”.

Lupita continúa vendiendo lo que resta del día, pero tras meditar un rato admite: “Si se acercara esa gente y nos explicarán bien cómo funciona y si en verdad nos va a ir mejor, pues a lo mejor podríamos hacer cálculos y decidir si nos conviene o no.

Pero nadie se ha acercado hasta ahorita”.