Los neopaganos en Monterrey: no comen bebés ni hacen orgías

Tienen como base tradiciones celtas y adoran a dioses de culturas antiguas. MILENIO Monterrey tuvo acceso al Samhain, realizado en una casa del centro, donde conmemoraron su año nuevo.

Monterrey

Una mujer vestida de negro dirige la dinámica durante la celebración de los wiccanos. Jóvenes, adultos, hombres y mujeres están sentados en el perímetro de la habitación, listos para jugar a la “papa caliente”… con un sombrero de bruja.

Un pedazo de pastel de chocolate es entregado a cada uno de los participantes de la reunión. También se reparten dulces y se intercambian regalos, pues los adeptos de la wicca conmemoran su año nuevo, la fiesta más importante de todas: Samhain, tradición de origen celta y retomada por los neopaganos.

El lugar de encuentro es una casa de la calle Miguel Nieto, a pocos metros del cruce con Aramberri, en Monterrey. Los miembros del coven (congregación) La Regia Gaia, en su mayoría jóvenes y adultos profesionistas o con estudios de posgrado, acuden a este punto de la ciudad para instruirse y adorar a los dioses.

En la habitación hay una mesa con veladoras, una canasta con trozos de manzana, flores y manuales de brujería. El aroma a incienso penetra el olfato de quienes llegan y la temperatura parece aumentar ligeramente a causa de las velas encendidas.

Algunas mujeres lucen vestidos negros y sombreros de brujas; otros invitados visten de manera casual  y esperan que comience la fiesta.                                                                                                          

“Bienvenidos, hermanos, a esta celebración de Samhain. Vamos a festejar que el dios nos da una nueva oportunidad de renacer. Bendita oscuridad porque anuncia la luz”, dice Marelle Dannan, la suma sacerdotisa, al inicio del ritual.

La festividad tiene su lado reflexivo: los asistentes se reconectan con sus seres queridos fallecidos, pues creen que en estas fechas “se abren los velos” que hay entre el mundo de los vivos y los muertos.

Vistiendo ropa oscura y con una capa tejida en color morado, la líder del coven comienza con el protocolo, que mezcla la alegría con la solemnidad, pues es la celebración de la muerte de un dios que renacerá en el mes de diciembre.

“Tres veces el círculo haz de trazar, para así a los espíritus malignos echar, con cada frase que haz de castear el final del hechizo debe rimar…”, recita el grupo de alrededor de 20 personas, entre iniciados, académicos y visitantes.

Al finalizar las oraciones, cada uno de los presentes se concentra cerrando los ojos u observando la llama de la vela morada que sostiene. La suma sacerdotisa los invita a recordar los momentos más gratos junto a su ser querido que murió hace tiempo para decirle aquellas cosas que no pudieron mientras él vivía.

Reflexivos, todos siguen las instrucciones de Marelle, quien les pide tomar de la mano a esa persona especial, pues los guiará en su viaje al inframundo. “El inframundo no es el infierno, sino el lugar de los muertos, el lugar de reposo; es la oscuridad total con la promesa de un mañana”.

“Vamos a encontrar unas escaleras largas, profundas, pero no tenemos miedo porque vamos de la mano con un ser que nos ama, que lo amamos y que es eterno”, dice.

La suma sacerdotisa sigue guiando el viaje hasta atravesar una pared negra, donde deberán encontrar su parte interna más oscura para transmutarla, es decir, meditar sobre un aspecto de la vida que sea necesario reajustar.

Finalmente, invita a los participantes a escuchar el mensaje de esa persona que ha trascendido: “vuelves a estar frente a frente con tu ser querido, dale un abrazo fuerte y escucha lo que tiene que decirte, con la promesa de reencontrarse, de volver a ser parte de ti cada vez que gire la rueda y cada vez que se abran los velos, cada vez que necesites luz en el inframundo y en tu parte oscura”.

Al terminar la reflexión, algunos se secan las lágrimas y otros se mantienen pensativos.

La wicca es una religión neopagana que cree en la existencia de la deidad tanto de forma femenina como masculina, y engloba los diferentes dioses de los panteones de las culturas antiguas.

Su ideología surgió a mediados del siglo pasado en Inglaterra, luego de que se abolieran las últimas leyes de cacería de brujas en aquel país y el autor Gerald Gardner publicara el libro Brujería hoy.

Al año, los wiccanos celebran ocho sabbats, que son festividades relacionadas a las estaciones y de las cuales el Samhain (celebrada el 29 de octubre) es la primera y más importante. Asimismo festejan 13 esbats, relacionados a las lunas llenas.

En esta ocasión, el ritual de Samhain es abierto al público con el objetivo de explicar de qué trata su ideología y eliminar los prejuicios que la sociedad suele tener.

“Mucha gente cree ‘es que comen bebés, hacen orgías’, puras cosas atroces que curiosamente era lo que los romanos pensaban de los cristianos cuando estaban en la etapa primitiva”, explica Marelle.

La Regia Gaia tuvo su celebración privada el 1 de noviembre en un lugar alejado de la ciudad. Ahí, los iniciados pudieron realizar su círculo mágico, una especie de territorio sagrado para lograr su conexión con los dioses, y el cual no puede presenciar el público no creyente.