“Los mexicanos estamos en pleito constante contra nuestro pasado”

El historiador Juan Miguel Zunzunegui presentará el domingo en la Feria del Libro su más reciente novela "Los cimientos del cielo", que toma como base a la Catedral de la Ciudad de México y sus ...

Monterrey

La historia que ha pasado por la Catedral de la Ciudad de México no sólo abarca la de nuestro país, sino que se extiende aún más allá de las fronteras: la Guerra Santa contra el Islam en España, persecuciones religiosas y herejes quemados a lo largo del Imperio germánico. Para el escritor Juan Miguel Zunzunegui es además la historia vista a través de tres familias y tres siglos, “una historia de amistad y lealtad, de traición y fanatismo, de misiones sagradas y misterios del pasado”.

Todo como parte de una lectura histórica y de ficción en Los cimientos del cielo (Grijalbo, 2013), en la que el llamado “templo del dios blanco y símbolo de la conquista”, como se hace también referencia en la obra, responda a muchos cuestionamientos de su edificación y por qué guarda aún muchos secretos.

El autor de la Trilogía de la Independencia, compuesta por El misterio del águila, La diosa y la serpiente y La caída del dragón, y del ameno Los mitos que nos dieron traumas, platica en entrevista de esta obra que presentará el domingo en la Feria del Libro de Monterrey, a las 15:00, en la Sala C de Cintermex.

¿Por qué la Catedral de México como personaje de una novela histórica?

Me parece que la Catedral de México es un símbolo perfecto del mestizaje y fusión de culturas que somos los mexicanos, y en este 2013 se cumplen 200 años de su inauguración. Así es que era un buen momento para, tomando la Catedral como pretexto, contar una serie de historias a lo largo de todo el virreinato, y al mismo tiempo contar sobre nuestras dos raíces: indigenismo e hispanidad, e intentar fusionarlas para que finalmente pueda nacer el mexicano, que no termina de nacer precisamente porque estamos en pleito constante contra nuestro pasado, y siempre hemos echado a pelear nuestras raíces en vez de entender que somos el resultado de un proceso histórico.

¿Cómo edificar esta novela histórica llena de historias?

Se entremezclan tantas historias porque siempre he criticado esa terrible y patética forma en que se nos enseña nuestra historia, mirándonos el ombligo, la estúpida idea de que podemos comprender México sin comprender el mundo.

Todo en el presente es resultado de los procesos del pasado; es así como la historia de los Reyes Católicos contra el Islam, la unificación de España, la Reforma protestante y Lutero, o Napoleón y la Revolución Francesa, todo influyó en nuestra parte del mundo y en lo que somos hoy.

¿Qué sentiste al recorrer la Catedral?, que es ahora tu materia narrativa.

Recorrer los lugares donde ocurrió la historia es un ejercicio mental maravilloso para escribir, ya que solemos pensar sin tiempo histórico, como si la Catedral, la Piedra del Sol o el Palacio de Minería hubieran estado siempre ahí y en el mismo contexto. De pronto hay que viajar al pasado el que no tenemos fotos o litografías, y sólo nos queda la imaginación.

La familia mexicana está presente, con sus odios vía los descendientes del caballero águila con los Ávila.

La historia mexicana, más que reciclarse, a veces parece que simplemente nunca cambia, eso por la manía que tenemos, por nuestra pésima educación histórica, de vivir anclados al pasado. Por eso diseñé personajes en los que a lo largo de 300 años nunca les cambia el nombre y el apellido; se llaman siempre igual, porque sin importar la época siguen pensando siempre igual, y por lo tanto es como si fuera la misma persona.

La familia mexicana está muy presente en la novela; es en la familia el primer lugar donde nos enseñan a idolatrar el pasado, encadenarnos a tradiciones y encerrarnos en esa jaula llamada identidad, que hace que tengamos miedo a cambiar.

¿Te apasionó esta etapa del virreinato, que ya apuntaba hacia el México de nuestro presente?

El México de hoy, como proceso histórico, es la herencia del Virreinato, no la continuación o reivindicación del señorío azteca; en el Virreinato se formó lo que somos como mexicanos, pero es la etapa que nunca nos enseñan, por eso no nos comprendemos a nosotros mismos ni nos terminamos de aceptar como la fusión de culturas que somos.