“En la literatura es admisible nombrar las cosas como son”

La escritora Criseida Santos Guevara presenta su nueva novela en edición bilingüe "La reinita pop no ha muerto".
“Me gusta la primera persona, es incontestable, es absoluta”.
“Me gusta la primera persona, es incontestable, es absoluta”. (Especial)

Monterrey

Con La reinita pop no ha muerto (Literal Publishing, 2013), la autora regiomontana Criseida Santos Guevara obtuvo el Literal Novel Award, que publica esta obra en español e inglés.

En esta novela sintoniza a personajes femeninos que están en los sitios menos pensados para hacerse famosos, que exploran inframundos, que buscan crear el hit del momento, en este rancho o del otro lado.

Una trama que reinventa hasta el suelo donde se nació: Machacado Ville. Y sí, hay que buscar a la Reinita Pop en esa voracidad citadina, con una descarga auténtica al son que dicte el aparato de mp3. Aquí se expresa la autora:

¿De dónde partiste para esta novela?

Creo que la propuesta de la novela la dice el propio personaje: la cultura pop encuentra la manera de dar respuestas inmediatas a los procesos culturales y a las emociones, es un mundo que agobia por la inmediatez y lo fugaz. Entonces pensé que al menos yo como autora no podía ni quería sacarle la vuelta a eso, al contrario, quería exponerme de manera frontal, quería exponerlo también como confrontación con la literatura. Abrazar el terror de ser tan cursi, tan melodramática, tan efímera como se puede ser en el pop y llevarlo al tema más común que es el amor y ver cómo funcionaba una lectura del contexto social con esos ojos.

Noto similitudes con tu anterior, Rhyme & reason, que también le rapeas, le metes canciones, sin dejar la primera persona...

Los personajes de una y otra comparten el mismo escenario. De cierto modo quería divertirme un poco con el coqueteo que la primera persona tiene con lo autobiográfico o con la autoficción. Por otro lado me gusta la primera persona, es incontestable, es absoluta, se justifica sola, es íntima y la idea era pulirla y lograr un impacto como el que logra el hip-hop, que a mi parecer sigue siendo una de las expresiones más interesantes del pop (aunque suene paradójico) porque admite cursilería, discurso político, irreverencia, variedad de registros lingüísticos.

Es una obra con un personaje, Guadalupe, que no tienen fronteras, tanto terrenas como corpóreas, ¿cómo moldeaste a este personaje?

No está basado en alguien en particular, sino en una reflexión sobre cómo son los personajes lésbicos en la literatura y desde dónde se construyen. Y no sólo eso, es una reflexión acerca de los matices de las identidades lésbicas que escapan a lo que la mayoría de la gente se imagina que son o le han dicho que son. Lo que dicen, lo que hacen y lo que sienten. Es un personaje que está construido con la intención de explorar las posibilidades y precisamente con la idea de subrayar la frontera, que en este caso va más sobre la frontera sexual, la frontera del idioma que se construye para entender las emociones o los acuerdos erótico-afectivos, la frontera que da el hablar el mismo idioma, pero no estarse entendiendo.

¿Qué tanto la literatura te da la oportunidad de abordarlo desde el humor, la música, la palabra misma que otras instancias sociales incluso o artísticas como ya lo has hecho?

La literatura es el medio de expresión mediante el cual me permito otras cosas. Tal vez como activista LGBT siento la necesidad de ser más solemne e intransigente, de tomarme más en serio el deber ser, pero en la literatura se puede apelar a otras cosas y en otros niveles. En la literatura es admisible nombrar las cosas como son, hablar de machorras, vulvas, deseo sexual, joterías y guarradas que en el contexto político sonarían incorrectas.

Esa idea de ser una estrella de la música, entrevistada por Cristina, como en el caso de la protagonista, ¿cómo asumes el humor dentro de tramas a veces complejas, a veces entre un contexto de violencia?

La idea de El show de Cristina fue algo natural en la historia. Pensé en situar este encuentro con Cristina Saralegui porque para personajes como Guadalupe el tema del reconocimiento laboral es muy descorazonador. Lo que menos importa es si hace bien o mal las cosas.

Todo el talento que tenga y todos los logros que obtenga son lo de menos, lo que a la gente en realidad le importa es lo que flota alrededor de su sexualidad. Lo que en realidad quiere decir es que la sociedad se está escandalizando para volverse a poner de acuerdo en lo que vamos a admitir como cosa normal y aceptada.

Vaya, se vive el escándalo como un reajuste a los esquemas morales, pero en el camino no deja de ser un espectáculo grotesco, no se deja de deshumanizar al personaje que está siendo juzgado en el banquillo de los acusados, no deja de reducirse todo al tema sexual.

Además, este momento en la novela, cuando Lupe, ya en su papel de M.C., va a El Show de Cristina enmarca ese sueño mexicoamericano que tenemos cuando pensamos en migrar a los Estados Unidos y tener éxito en nuestra expedición.

¿Dónde terminó la Reinita Pop?

Imagino que sigue yendo y viniendo, seguro volvió a escaparse de Monterrey, y seguro la vida la trajo de regreso.