Las labores domésticas son la primera opción para indocumentadas

En la ciudad existen muy pocas opciones ocupacionales para mujeres, explicaron.
Se enfrentan a condiciones de malos tratos y acusaciones.
Se enfrentan a condiciones de malos tratos y acusaciones. (Cuartoscuro)

Monterrey

Mientras los migrantes de otros estados o de Centroamérica terminan trabajando en la zona metropolitana de Monterrey como mecánicos, obreros, técnicos y hasta albañiles, la mayoría de las mujeres que deciden migrar terminan como trabajadoras domésticas.

De acuerdo a activistas, especialistas y las propias migrantes, no hay tantos trabajos para las mujeres migrantes en Monterrey: o terminan atendiendo bares o restaurantes, o como muchachas, limpiando una casa.

Tal es el caso de Mireya, quien llegó a Monterrey hace dos años desde Honduras, huyendo de la violencia, la falta de oportunidades y con la intención de encontrar una nueva vida con su hermano Arturo, Mireya terminó viviendo en Monterrey, teniendo como sustento el aseo de casas en colonias de clase media alta.

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística (INEGI), en Nuevo León se concentra una importante cantidad de empleadas domésticas, estas caen en la categoría de informalidad laboral, cuando no trabajan en unidades económicas formales. Es decir, que no se le da de alta a la trabajadora, como es el caso de Mireya.

En el 2015, de acuerdo al instituto, se concentraban 825 mil 853 personas bajo la informalidad laboral, de las cuales 93 mil 113 son en trabajo doméstico remunerado.

Como en el 2014, había 78 mil 849, el crecimiento registrado de personas trabajando en este sector ascendió a 18.1 por ciento.

La mayoría de estas mujeres, consideran los especialistas y activistas de migrantes en Nuevo León, provienen de otros estados y otros países, como Mireya, quien en tan solo dos años ha tenido que trabajar en cinco diferentes casas, por malos tratos, por despidos o por acusaciones que podrían llevarla a la cárcel o de regreso a su país.

El padre Luis Villarreal, fundador de Casa Nicolás, explicó en entrevista con MILENIO Monterrey que el número de mujeres que pasan por la ciudad que vienen migrando es muy reducido, sin embargo la mayoría se dedican al trabajo doméstico y al servicio al cliente, como meseras.

El problema, lamentó el sacerdote, es que en ocasiones se les contrata como meseras pero las peticiones de sus empleadores y el tipo de trabajo que realizan puede rayar en la prostitución, al pedirles ser solteras, de buen cuerpo y a veces reciben trato "coqueto".

Por cada 25 hombres que recibe Casa Nicolás, en Guadalupe, una es mujeres, según sus estadísticas.

"La mayoría son centroamericanas, son objeto de explotación muy seguido. No es algo que se repita mucho, es mucho más en los hombres, pero las mujeres sufren también porque les acusan de algo, esa historia que todos conocemos de la muchacha que ayuda que 'se roba algo'", explicó Villarreal.