ENTREVISTA | POR GUSTAVO MENDOZA LEMUS

César Aira Escritor

El autor argentino se encuentra en la ciudad para presentar sus obras "El pequeño monje budista" y "Cumpleaños" hoy en la Casa Universitaria del Libro.

Del “fin más infame” puede surgir una obra maestra

“Para escribir las cosas que yo escribo he tenido que encerrarme en mi mundo privado y desconectarme”.
“Para escribir las cosas que yo escribo he tenido que encerrarme en mi mundo privado y desconectarme”. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

César Aira, el escritor argentino al que las críticas destacan por su estilo peculiar de narración, prefiere encontrar las historias dentro de sí que en las historias que se atraviesen en un viaje, por ejemplo.

Justamente se encuentra de visita en la ciudad para presentar las reediciones en México que ha lanzado tanto Editorial Era y la UANL de El pequeño monje budista (2005) y Cumpleaños, ambas de buena crítica en su país natal.

Si bien el autor, nacido en Coronel Pringles, Argentina, en 1949, se refiere a ambos títulos como "libros que a la mejor uno no recuerda" de qué tratan, valora que en la Ciudad de México, por ejemplo, lleguen decenas de lectores con ambas obras.

El paso del tiempo puede afectar en hacernos olvidar cuáles cosas fueron importantes en su momento, refiere el autor que ha llegado a admirar al grupo The Cure "no tanto por su música, sino por su actitud".

Un ejemplo, tomando otra vez a la música, lo refiere con la aparición de The Beatles, en 1962.

"La aparición de los Beatles, que yo tenía 12 o 13 años, es algo que los jóvenes de hoy ni siquiera pueden imaginar la revolución que eso significó, y que hoy día siguen siendo los mejores".

Sus historias y ambos libros se presentarán hoy en la Casa Universitaria del Libro (Padre Mier y Vallarta, La Purísima) en punto de las 18:00, con entrada libre.

¿Cómo te sientes al ver reeditados estos títulos en México, cuando en Argentina tienen ya un camino andado?

Son como resurrecciones, vuelven a la vida libros de los que, a veces, yo me he olvidado hasta de qué se trataban. Anoche lo comprobé en un evento que hubo en el DF, que se me acercó gente con varios libros y que habían estado en el gusto de este formato, de este estilo peculiar mío.

En el libro Cumpleaños, al personaje le empiezan a surgir dudas sobre todo lo que sabe al llegar a los 50. Y se piensa que el escritor está obligado a saberlo todo.

No, creo que eso es un grave error, un prejuicio pensar que si uno escribe bien, que es una habilidad casi artesanal de cierto modo, y por otro lado algo de la fantasía y de la motivación, por ese motivo uno va tener que saber de la sociedad, de la política o de la historia; más bien es al contrario, para escribir las cosas que yo escribo he tenido que encerrarme en mi mundo privado y desconectarme de todo.

Por otro lado hay escritores que alimentan esta idea, porque suben a la cátedra y dan esta idea y empiezan a dar consejos.

¿Cómo ves las modas que se toman casas editoriales por publicar ciertos temas, en el caso de México con el narcotráfico?

Yo lo veo muy de fuera, no tengo nada que ver en eso. En Argentina el equivalente es el tema de los desaparecidos, y a mí me parece algo deshonesto hacer eso para ganar plata. Esa gente que sufrió tanto, que la mataron, la torturaron y ahora vivir de eso con el pretexto de que es importante para la memoria y eso...

Creo que lo del narcotráfico es distinto porque no es sólo ir al cementerio, aquí hay todo un folclore y una cultura propia, y pueden salir ahí ciertos relatos. Ahora, no hay que prejuzgar, puedes hacerlo con el fin más infame posible, pero sale una obra maestra.

¿Se mantiene el recuerdo de Alfonso Reyes en Argentina?

La amistad con Borges fue importante, las cartas que se intercambiaron. Alfonso Reyes fue de los primeros en ver la verdadera magnitud del genio de Borges; eso me lo contaba una profesora argentina, Ana María Barrenechea, que fue alumna de Alfonso Reyes en el Colegio de México. Ella decía que al publicarse el Jardín de senderos que se bifurcan, el primer cuento de Borges y que se lo mandó a Reyes, Alfonso le dijo a los estudiantes: "Por primera vez tenemos en Hispanoamérica a un escritor para poner en el mismo estante que a Shakespeare o a Balzac".