Violencia afectó 'hip-hop' en Nuevo León: experto

Aunque es común este tipo de género musical en todas las clases sociales, las agrupaciones viven falta de oportunidades .
Juan Olvera Gudiño presentó avances de su estudio.
Juan Olvera Gudiño presentó avances de su estudio. (Gustavo Mendoza)

Monterrey

Podría decirse que el Hip hop se escucha por toda el área metropolitana, generando lazos de trabajo entre músicos, letristas y artistas urbanos, sin embargo ocupan de mayores oportunidades para potencializar su trabajo creativo.

Este es uno de los panoramas que presentó el sociólogo José Juan Olvera Gudiño en la ponencia Practicas y espacios de producción del Hip hop en Monterrey.

La charla se ofreció dentro del ciclo "Culturas musicales de Monterrey y Nuevo León", que organizó el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas) noreste, con la participación de investigadores locales y nacionales.

El tema del hip-hop está siendo estudiado por Olvera desde hace unos cuatro años. El tema resulta de una complejidad especial, debido a que este género está presente en casi todos los sectores del área metropolitana.

Tras años de estudiar el género del vallenato, Olvera Gudiño señala que el rap no está encasillado a un sólo sector social pues llega a casi todas las clases sociales de Nuevo León.

Sin embargo, es diferente cómo se concibe el rap entre un escucha o practicante de clase baja o de clase media alta, apuntó.

"Por ejemplo para un joven que le gusta el rap de media clase o alta la vestimenta es muy importante, casi toda importada donde su música se vincula a los intérpretes de la industria; pero al otro rapero no le interesa 'MTV' pero gracias a la tecnología se contacta con músicos de otros estados o países", apuntó el investigador del Ciesas.

Para algunos, señala el sociólogo, el rap vivió una "etapa de oro" a finales de la década de los 90 y el 2000 para después caer en un bache después del 2005.

Hoy el género está presente en los jóvenes, gracias a la posibilidad de grabar la música a partir de un celular y programas de simple manejo para la creación de las pistas.

A falta de mayor investigación existen rasgos que señalan un cambio de postura al escuchar el hip-hop en Monterrey antes y después del periodo de inseguridad.

"Da la impresión que hasta hace unos años los raperos locales seguían la lógica, en términos estéticos, del hip-hop norteamericano pero cuando llega la violencia acá el rap en algunos sectores hasta desapareció. Hoy tienen una narrativa más real, como ir contando las bajas de la guerra", refirió.

Aunque sin generalizar, existen bandas, agrupaciones o crews donde el rap es una de las actividades que la componen pues también hay graffiteros, letristas o chavos que bailan el breakdance.

Estas agrupaciones están generando micro centros culturales en espacios de la ciudad donde la infraestructura cultural del municipio o gobierno no llega.

"Es uno de los efectos más importantes y una de las mejores noticias para la vida cultural de la ciudad", refiere.

Sin embargo a estos grupos difícilmente se les presenta la oportunidad desde las instituciones académicas o culturales para saber cómo generar recursos con sus proyectos o elevar el nivel en sus producciones.

"Es muy fácil la tentación para el gobierno de introducirse para obtener un beneficio político de ellos, también es complicado como que llegar a enseñarles y que ya ellos trabajen por su cuenta. No está tan fácil pero sí es un reto para política pública", indicó.