El sastre que le quemó el pantalón al presidente

Don Alejo tiene demasiadas anécdotas que lo ligan con sus clientes, desde haber quemado el pantalón a Miguel de la Madrid, hasta interrumpir sin querer un masaje que recibía el cantante Juan Gabriel.
El vecino de la colonia López Mateos nombró a su sastrería Setarcos, en honor a un político.
El vecino de la colonia López Mateos nombró a su sastrería Setarcos, en honor a un político. (Ricardo Alanís)

Monterrey

Desempeñar el oficio de la sastrería no es fácil, y menos cuando entre la cartera de clientes se tuvo al Presidente de la República, o personajes del medio artístico como Juan Gabriel, Vicente Fernández, Lucha Villa y a políticos locales como un ex gobernador.

Es el caso de don Concepción Alejo, vecino de la colonia López Mateos, quien tiene su sastrería denominada Setarcos, ubicada en el centro de Monterrey, por la calle 5 de Mayo.

Don Alejo tiene demasiadas anécdotas que lo ligan con sus clientes, desde haberle quemado en la década de los ochentas, por descuido junto con su hermano Carlos, el pantalón al entonces candidato priista a la Presidencia de la República, Miguel de la Madrid, hasta interrumpir sin querer un masaje que recibía el cantante, Juan Gabriel por parte de un morenazo.

Concepción Alejo relata que aprendió el oficio desde niño, cuando prefirió dejar su trabajo en una panadería para emplearse como ayudante en una sastrería a mediados del siglo pasado, en San Luis Potosí.

Ya instalado en Monterrey, en los ochentas trabajó en un hotel de la localidad, y debido a ese empleo hizo trabajos de sastrería y hasta de planchado a personajes de la farándula, recuerda que le hizo arreglos al vestuario de charro de Vicente Fernández y a los trajes de Juan Gabriel, quien era muy amable y daba buenas propinas.

Sin embargo, la anécdota que más recuerda y que más nervioso lo puso fue la del pantalón de Miguel de la Madrid, quien en un buen día en 1982 llegó a hospedarse al hotel donde laboraba don Alejo.

De la Madrid llegó en calidad de candidato del PRI a la Presidencia.

A don Concepción y a su hermano Carlos les llevaron al departamento de uniformes del hotel, el saco y el pantalón del sucesor de José López Portillo.

Don Concepción narra que su hermano Carlos planchaba la ropa del candidato, cuando en una distracción dejó la plancha sobre el pantalón y se quemó.

El susto, el miedo, los nervios surgieron de inmediato: Tremendo error, quemar el pantalón de Miguel de la Madrid, así fuera por accidente.

De inmediato don Concepción acordaron no revelar –al menos por el momento- lo sucedido, pidió a su hermano quedarse en el área de trabajo, y él salió a las diferentes tiendas del centro a buscar una tela similar, lo más parecido posible y proceder a hacer lo impensable: fabricar otro pantalón y apostar a que no se  diera cuenta nadie, ni siquiera el candidato.

“Me puse nervioso, se me quitaron las ganas de comer y pensé; ahora qué le voy a decir, cómo le voy a hacer para salir de ese problema, nada más que conté las horas que me faltaban y entre mi hermano Carlos y yo hicimos ese pantalón que fue récord, lo hicimos exactamente en dos horas con 10 minutos.

“Se quemó como a las 9:45 de la mañana, y mientras yo me fui a hacer un recorrido que duré una hora, entonces ya llegué, le tomé medidas al pantalón, lo corté, le puse material del mismo tono, el forro del mismo tono. Sí estaba yo preocupadísimo y sin hablar porque dije, qué irá a pasar, que este señor me lo va a regresar o nada, no, no, no; gran satisfacción fue que al día siguiente lo miré en un periódico con su pantalón nuevecito”.

¿Y el pantalón viejo dónde quedó?

“Ese pantalón quedó en el Hotel Ancira, quizá, yo creo, lo echaron a la basura, no tuve la precaución de dejarlo como un recuerdo”.

Esta sastrería se llama Setarcos por una causa especial, y es que su propietario es muy allegado a distintos políticos de la localidad, entre ellos el ex gobernador, Sócrates Rizzo.

 “Porque el señor ex gobernador, Sócrates Rizzo García fue uno de los que me animaron y me apoyaron económicamente para poner esta sastrería, por eso en honor a él le puse Setarcos, que al revés quiere decir Sócrates”.

Alejo desempeña un oficio que en extinción. Cada vez menos personas se interesan por ejercer esta función, ya que hay alrededor de 44 sastres en la ciudad, según dijo.

 “En el lugar donde estoy no es para hacerse rico pero sí queda mucha satisfacción, porque cuando tú terminas un trabajo y lo haces bien hecho y hasta respiras a gusto, se queda uno satisfecho, y a los jóvenes ojala alguien se interesara por la sastrería porque ya somos muy pocos, aquí en Monterrey”.