Un gobernador puso en el mapa a Teresita Salinas y a Juárez

Tras no llegar la comida al evento de Arturo B. de la Garza, el destino de la doña quedó sellado.
Más de 100 kilos de masa son empleados para preparar tamales norteños y veracruzanos.
Al mandatario le gustó mucho el sabor de aquellos tamales y envió en varias ocasiones por algunos cientos para regalar a sus amistades. (Roberto Alanís)

Juárez

La consigna era no desperdiciar y sacar provecho a las cabezas de cerdo que quedaban después de hacer el asado, así que doña Anita le recomendó a su hija Teresita Salinas hacer tamales.

Sobre la calle principal del municipio de Juárez en una casa de adobe sacaron las primeras ollas allá por 1948, y comenzaron a venderse entre los habitantes de este municipio.

Pero un contratiempo en un evento de gobierno, entonces presidido por Arturo B. de la Garza catapultó a esta familia y a esta pequeña localidad como la capital de los tamales en Nuevo León.

“Había un evento aquí en donde ahora está el deportivo Bancario, y al parecer había muchos invitados y la gente de la comida les quedó mal, así que el equipo del gobernador salió a ver como solucionaba el problema y se encontró a mi mama con sus ollas de tamales, les compraron todo, se arregló el asunto y así empezó la historia”, cuenta Américo Garza Salinas, actual director de los tamales Teresita.

Al mandatario le gustó mucho el sabor de aquellos tamales y envió en varias ocasiones por algunos cientos para regalar a sus amistades y a funcionarios fuera del estado, cuando le preguntaban donde se hacía, siempre los mandaba “Allá a Villa de Juárez con Teresita Salinas”.

Los seis hijos de doña Anita se dedicaron a la venta de los tamales: además de los famosos “Salinas”, están los “Nora” y los “Doña Anita”, todos tienen la misma raíz y el mismo apellido, pero son los “Teresita” donde todo empezó y donde además se sigue innovando.

No solo preparan mil 200 docenas de tamales al día, sino que además tienen al menos 23 sabores diferentes en el menú; además de los tradicionales de puerco, frijoles, pollo, queso y dulce, una gran cantidad de ingredientes se mezclan con diferentes tipos de masa y hasta de hoja.

Para Américo Garza Salinas, arquitecto de profesión, pero dedicado al negocio familiar, la tradición de los tamales en Juárez se popularizó con su familia, pero también se convirtió en un impulsor de la economía en el municipio, “cuando no había nada”.

Actualmente 600 personas trabajan con la familia, muchos de ellos ya de varias generaciones.

A través de los años, se intentó industrializar el proceso, se compraron máquinas y se buscó trabajar de este modo, pero el cliente inmediatamente se dio cuenta.

“Nos decía que no sabían igual, que algo les faltaba, así que no quedo remedio, ellos mandan y volvimos a la cuchara, la producción artesanal”, señala Garza Salinas.

En la cocina de los Tamales Teresita hay tres mesas de producción con cuatro personas; de la banda reciben la hoja de mazorca ya embarrada con la masa y ponen su contenido, doblan y directo a la olla; el proceso dura apenas unos segundo y los contenedores se llenan enseguida.

Dos grandes mezcladoras de masa en la parte de atrás; harina, manteca de puerco y especias se mezclan sin cesar.