“Es una experiencia para desinhibirse”

El salón está en completa oscuridad y nos guiamos sólo por la voz de las personas.

San Nicolás de los Garza

Aún sin conocer a su interlocutor, acceden a hablar. Beth y Diego forman parte de las 70 personas que acuden a la cena en total oscuridad, sin tener alguna idea de lo que va a suceder.

Diego asiste con su pareja, mientras que Beth lo hace con su padre e hijo. Sentados en la mesa 3, serán asistidos durante las próximas dos horas y media por su facilitador: Delfino Ojeda.

El salón está en completa oscuridad y nos guiamos sólo por la voz de las personas.

"Yo ya había asistido al evento que hicieron de recorrer la ciudad a oscuras, pero hoy quise traer a mi hijo a que lo conociera. No sabemos qué es lo que va pasar", comenta Beth, quien se dice tranquila y animada por el evento.

Aunque es imposible ver algo, por la cercanía de la voz supongo que Diego es la persona contigua a Beth. Para él y su pareja es la primera ocasión que acuden a una actividad de este tipo, considerándola como una "experiencia nueva".

Para Diego hay un especial interés en acudir a esta cena en total oscuridad, pues él se dedica a la gastronomía y le interesa saber cómo es comer algo que no puedes ver.

Su única duda es "ver" cómo le irá sin usar su celular.

"La verdad soy algo dependiente del celular, a ver cómo me va ahorita", menciona el joven.

Una novedad

La cena va transcurriendo conforme el tiempo. Todos en la mesa intentan descifrar lo que están a punto de comer. Toman los cubiertos y buscan guardar los modales, pero la curiosidad es grande por lo que no queda más que intentar probar un bocado con las manos.

Cada uno pagó cerca de 600 pesos por la experiencia. Hay que estar atento al anuncio de los eventos, pues los asientos para la cena son codiciados y se terminan pronto. Incluso hay una lista de espera por si alguien declina de último momento.

Transcurridas las dos horas y media, las luces del salón se encienden poco a poco. Todos se reconocen en la mesa y observan el rostro de quienes estuvieron compartiendo la velada todo este tiempo.

"Fue una bonita experiencia, me quedo con mucho. De la primera experiencia a esta, creo que ahora te desinhibes por completo cuando comes con las manos, porque eso de los cubiertos nomás no", relata Beth entre risas, acompañada de su padre Edmundo y su hijo Sebastián.

Para Diego, la experiencia fue similar. Lo primero que comenta es que gracias a la oscuridad perdió su desagrado a bailar, y sobre el tema de la comida, definitivamente las manos fueron la mejor herramienta.

"Fue usar las manos, no había de otra manera. Cada platillo era distinto porque intentabas ver qué eran. Tal vez viendo pues ya sabías que era, pero tocándolo y degustándolo tenías que pensarlo más", refiere.

Al igual que el resto de los comensales, la experiencia fue enriquecedora. Tanto Beth como Diego descartaron haberse sentido presionados o nerviosos cuando pasaba el tiempo y el salón permanecía completamente a oscuras.

"A la mejor la primera hora sí me sentí un poco intranquilo por no tener el celular, pero ya después hasta se me olvidó, es como desconectarte por completo", expone Diego.