CRÓNICA | POR GUSTAVO MENDOZA LEMUS

Un encuentro con la religión... y la gastronomía mexicana

Visita a la Basílica en la Independencia

Por las calles aledañas al Santuario se pueden saborear suculentos platillos que no necesariamente son característicos de esta región.


Monterrey

“Te apuesto a que no habías visto otro puesto así”, expresa Jorge mientras las brasas le dan un tono naranja a los camarones en brocheta que venden sobre la calle Jalisco.

Curiosamente, esta calle nos lleva a un manjar tapatío: las tortas ahogadas que ya se venden  en la popular colonia Independencia.

De sopes, flautas y enchiladas pasamos a los huaraches, tortas ahogadas y camarones a las brasas. El menú es variado en las calles cercanas a la Basílica de Guadalupe, que se vuelve un punto de encuentro de la gastronomía mexicana.

Por el mediodía del sábado la afluencia de visitantes es menor a la registrada el 12 de diciembre, pero eso no impide que las planchas y sartenes de guisos sigan cocinando.

Sólo al caminar por la calle de Guadalajara (pasando por Libertad, 2 de Abril o 5 de Febrero) es encontrarse con platillos suculentos representativos de estados como Jalisco, San Luis Potosí o Veracruz, sin olvidar a los clásicos norteños.

“Los camarones los vendemos así como en  Puerto Vallarta, vamos a ver qué tal se venden”, expresan.


“Ya son de aquí”

En el establecimiento El Sarape se le recibe al visitante con pan bolillo listo para acompañarse con un rico menudo o para sumergirse en la salsa de chile cascabel y así darle el sabor tapatío. 

Aquí tienen tres años de preparar las tortas ahogadas, y poco a poco se han ido instalando en el gusto de los visitantes a la Basílica.

“Pues sí, son tradicionales de Jalisco, pero aquí a la gente también le gustan mucho”, expresa riendo Juan Martín Rosas, quien atiende el puesto.

Con pierna de cerdo como ingrediente principal, el pan se sumerge en una salsa espesa de chile cascabel para después pasar a la plancha. Ya listo, se le sirve en un plato hondo sumergida en un caldillo acompañado por cebolla y rabanitos.

En el puesto de doña Yolanda, ya casi llegando a la calle 5 de Febrero también se vende este platillo. Si bien en el gusto del regiomontano siguen teniendo un lugar especial las enchiladas, las flautas o los tacos de carne asada, poco a poco el menú va ampliándose.

“Ya son más de aquí”, refiriéndose a las ahogadas.

  

Huaraches y quesadillas

En la colonia Independencia no existe el azahar cuando se trata del nombre de las calles, la geografía nacional y la venta de platillos típicos.

Justo en la esquina de Libertad y San Luis Potosí, el queso de tuna y las enchiladas potosinas se venden durante una gran parte del año.

Pero en estas fechas un grupo de chicos que vienen desde Pachuca (Hidalgo) ofrece las “quesadillas estilo México”, un platillo que ya se puede encontrar con cierta facilidad en el centro de Monterrey de unos años para acá.

Más allá del debate sobre si las quesadillas llevan queso o no, aquí lo relevante del platillo es que la tortilla está recién hecha.

“La gente pide más la de chicharrón, pero igual les gusta la de flor de calabaza o la de huitlacoche”, comenta Miguel.


De Juárez, el pan de elote

Un aroma característico llega al caminante cuando se sobrepasa la esquina de Libertad y Jalisco. Ese mismo olor que te transporta a la carretera Nacional y que proviene del pan de elote se puede encontrar en la propia Independencia.

Es el primer año que Vicente Rodríguez vende el característico postre de Santiago, Nuevo León, cerca de la Basílica. Lo curioso de su caso es que aprendió a hacer el riquísimo pan en Juárez y es allá donde lo vende, y en este año intentó venderlo en Monterrey.

“Pues yo vendía dulces aquí y vi que nadie vendía el pan de elote. Se ha estado vendiendo muy bien todo el día, aunque el fuerte fue el 11 y la madrugada del 12”, menciona.

Vicente comenta en repetidas ocasiones que se usa “cien por ciento maíz” para hacer el pan, y los vende naturales o con nuez.


El menú no termina

Caminar por las calles cercanas a la Basílica de Guadalupe es recorrer la gastronomía nacional, ya sea con entradas como caldos, platillos fuertes con carne o tacos y donde la variedad de dulces es infinita.

En cada esquina hay quien te ofrece una bolsa de caramelos a diez pesos, pero las opciones se multiplican con los churros –naturales o rellenos de cajeta, chocolate o mermelada de fresa-, los ates de guayaba, aunque los que más se venden son los dulces de leche.

El resto del menú lo integran todos los platillos que se imagen: carne asada, tacos de trompo, papas asadas, pizzas, hotdogs, discada, cabrito, asado de puerco, tamales y la lista es inagotable.

La Independencia, con sus más de 200 años de historia, confirma en sus platillos ser un punto de reunión para los migrantes que llegan a la ciudad.