Cómo destruir un sindicato en unas cuantas semanas...

Una central obrera es para servir y eso lo tuvieron muy claro sus líderes históricos como Eleazar Ruiz Cerda y Agustín Serna Servín. Parece que esa vocación se perdió.  

Monterrey

Existen quienes, jugando con las reglas establecidas, logran derrotar a quienes detentan el control en los sindicatos, en los partidos políticos y hasta en el gobierno. Es el juego de la democracia, de los liderazgos que se disputan en buena lid, arriesgando dentro de los cauces que fijan las propias instituciones. Pero hay otros que no están dispuestos a ganarse con trabajo y esfuerzo el liderazgo y deciden usar la fuerza, la violencia y hasta las armas para apoderarse de posiciones, espacios políticos e instalaciones mediante acciones que exhiben no sólo su ignorancia, sino también su intolerancia al momento de disputarle a sus adversarios los espacios ganados mediante el trabajo legítimo con las bases sindicales. Una crisis parecida vive la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos en Nuevo León, luego de que su líder César Alberto Serna de León, fue desconocido por varios de quienes se consideraban herederos con derecho al capital político de Agustín Serna Servín. La fuerza, el despojo, la posesión ilegal de un edificio, terminaron como se preveía: a balazos, golpes, enfrentamientos con saldo de heridos y detenciones. Vaya forma de destruir a una central obrera.