Falta de agua por derrame de crudo afecta a ejidatarios

Los habitantes de Santa Isabel y Soledad de los Herrera están preocupados, pues también utilizaban el líquido del río San Juan para sus animales.

Cadereyta Jiménez

Han transcurrido ya 10 días desde que una toma clandestina en un ducto de Pemex comenzó a contaminar el cauce del río San Juan y sus acequias... mismo tiempo en el que don Jorge Arizpe, no ha podido regar sus cultivos y su rostro comienza a mostrar preocupación, al igual que el de decenas de ejidatarios de Cadereyta.

Además de esto la promesa del Gobierno del Estado de enviar pipas de agua a los ejidatarios de las 10 comunidades que se encuentran en las orillas de los siete kilómetros del río San Juan o los 18 kilómetros de acequias que fueron contaminados, hasta ayer no se había cumplido.

"Nosotros regábamos con la acequia, esa pasa por mi casa y otras pasas a la entrada del ejido, no ha llovido y pues no se van a poder regar con el agua de las acequias, ya son dos semanas sin riego y la fruta ya no está creciendo", explicó don Jorge Arizpe Rodríguez, de 65 años de edad, vecino del ejido Santa Isabel, quien ayer se presentó en la zona donde acudieron autoridades estatales y federales, en busca de agua, pero le fue negada.

Para don Jorge la explicación que el Gobierno del Estado da acerca de que los cítricos se riegan con el agua de las lluvias, no tiene validez, pues es sabido que Nuevo León experimenta desde hace años una fuerte sequía.

La única fuente de riego para ellos es precisamente los afluentes del río San Juan, los cuales en este momento llevan crudo.

"El riego es cada ocho días, ya se perdieron dos riegos, pues si no nos llueve se termina, son cítricos".

Al igual que don Jorge, tan solo en el ejido Santa Isabel existen otros 80 ejidatarios a quienes les falta agua para sus cultivos, cada uno con entre cuatro y cinco hectáreas, es decir cerca de 400 hectáreas de siembra son las que estarían en riesgo tan solo en una de las 10 comunidades afectadas.

Río abajo se encuentra la comunidad de Soledad de los Herrera, justo donde Pemex reporta haber contenido el avance del crudo.

Ahí don José, quien pidió no mencionar su apellido, observa los trabajos de remediación de Pemex desde sus tierras cerca del río, donde la naturaleza sigue su curso y garzas negras y blancas se bañan en un río de colores causados por el hidrocarburo combinado con el agua.

Don José aclaró que temen que el agua de los pozos se pueda contaminar con petróleo, pese a las afirmaciones de Pemex y Profepa de que eso no sucederá.

Incluso las autoridades ya han anunciado que harán estudios para descartar contaminación en estos pozos y mantos friáticos, aunque sostienen que eso no puede ocurrir. "Si no hay posibilidades para qué hacen los estudios, el agua sí sabe medio mal y tiene un olor raro desde el sábado", dice.

Pero no solo eso, aunque la mayor parte de los ejidos cuenta con agua potable y servicios, algunas zonas representan puntos de pobreza, donde los pobladores usaban el agua para consumo propio y el de sus animales.

Este es el caso de Dolores Rodríguez, quien vive a escasos metros de donde Pemex estableció su campamento, junto al Cementerio.

"Yo usaba el agua del río para lavar, para darle de tomar a los animales, a veces para bañarnos, pero una parte la trae el municipio en pipas, pero ahorita todavía no pasan, se me hace que mañana viene", dijo.

El único apoyo de estas familiar ha sido sumarse a los trabajos de remediación del afluente contratados por Pemex, quien les proporcionó capacitación, equipo y una paga de mil 700 pesos semanales.