CRÓNICA | POR DANIELA MENDOZA LUNA

Una década de hablar a las indígenas de sus derechos

Migración - Organismos de apoyo

La asociación Zihuame Mochilla celebró ayer 10 años de orientar y apoyar a mujeres de distintas etnias en el estado.

Ofrecen ayuda a mujeres de nueve grupos étnicos diferentes.
Ofrecen ayuda a mujeres de nueve grupos étnicos diferentes. (Daniela Mendoza Luna)

Monterrey

Esthela Tolentino Martínez se reunió con sus vecinas una tarde tras la reubicación de la que fueron objeto por parte de las autoridades del margen del río La Silla en Guadalupe.

Las trasladaban hacia la colonia Arboledas de los Naranjo, en el municipio de Juárez, para ver qué podían hacer para mejorar sus condiciones de vida.

Allí comenzó Zihuame Mochilla, "Mujeres con Esperanza", una asociación al servicio de la comunidad indígena migrante en el estado y al que se incorporaría una estudiante de posgrado buscando hacer su tesis, Carmen Farías.

Este 10 de diciembre cumplieron una década de aquella primera reunión.

A lo largo de esta década sus servicios se ampliaron de 1 a 21 colonias, 9 grupos étnicos de 100 comunidades de origen diferentes.

"Recuperé mi identidad, la que perdí a los 11 años cuando me vine a la ciudad a vivir una vida que no era la mía", dice la mujer náhuatl, aun sin poder creer la labor que se ha realizado en la última década.

Comenzaron rescatando las expresiones artísticas como el baile y la artesanía, a fomentar el sentido de comunidad y su lengua madre; después, con el impulso y conocimiento de Farías pasaron a hablar de derechos, violencia intrafamiliar, salud sexual y reproductiva, equidad de género.

Todo esto lo relata Esthela, presidenta de la organización, en el auditorio del Museo de Culturas Populares donde se han reunido para festejar el aniversario, pero también para rendir cuentas a las personas que le san apoyado en el camino, y aquellas que han sido beneficiadas por los programas.

Dice que está nerviosa, pero habla con apasionamiento sobre sus orígenes y logros.

"Por primera vez se le habló a las mujeres de sus derechos y se nos enseñó a no avergonzarnos de dónde venimos; a nuestros jóvenes no les guastaba hablar en su dialecto, ahora estamos rescatando lo que queríamos dejar olvidado", dijo la mujer.

De una caseta sin puertas ni ventanas, pasaron a tener una biblioteca con 16 computadoras, a becar a 100 jóvenes en estudios de educación media superior y superior, realizar talleres de huertos orgánicos y otros tantos proyectos que de origen se veían imposibles.

Al micrófono, la directora de la organización, Carmen Farías reconoce algunos avances en materia de protección a los derechos de los indígenas, sobre todo con la promulgación de la ley estatal en 2011, pero recuerda a los legisladores que hay mucho por hacer en la armonización del resto de las normativas.

"Tenemos el gran reto de que estas grandes reformas se traduzcan en una mejora tangible para todas las personas indígenas que radican a Nuevo León.

"El impacto de esta reforma aún no se ve reflejada, faltan presupuestos etiquetados específicamente para la atención a personas y comunidades indígenas", dice.

Señala que también hay falta de representación en los municipios de los distintos grupos étnicos.

Además solicitó a los integrantes del Poder Legislativo, que desempolven la Ley para Prevenir la Discriminación que desde hace dos años está en las comisiones de dictamen.

En el marco de la conmemoración del 65 aniversario de la Promulgación de los Derechos Humanos, señaló que se ha recorrido un amplio camino, pero aún falta mucho por hacer en el estado de Nuevo León.