Calle Morelos, escenario musical para los jóvenes

Con una tradición de casi 30 años, el pasaje comercial y sus alrededores se han convertido en un templete abierto para artistas de todas las edades y los géneros.
Los artistas buscan captar la atención de las personas que transitan por el lugar.
Los artistas buscan captar la atención de las personas que transitan por el lugar. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

Mientras las bocinas retumban al ritmo de reguetón, Alan Contreras toca su violín tratando de atraer la atención de los cientos de personas que transitan por la calle Galeana a unos pasos de la vía comercial Morelos.

A menos de una calle está Jorge Osuna, que con su amplificador y guitarra eléctrica interpreta tanto clásicos del rock como composiciones propias, mientras el gerente de una tienda comercial le insiste en que se retire.

Con una tradición de casi 30 años, la calle Morelos y sus alrededores se han convertido en el escenario abierto para músicos de todos los géneros.

Resuenan sus notas

La ciudad tiene espacios emblemáticos donde la música resuena: el Arco de la Independencia, con los fara fara, el Callejón Cultural, con jazz, o los callejones de la Sierra Campana, con el vallenato.

Morelos es una de las calles más antiguas de Monterrey. Antes llamada "Camino Real" y "Del Comercio", ha sido testigo de la transformación social y cultural de sus habitantes en 420 años.

El compositor y músico Luis Carlos López Maico relata cómo en la década de los 80 la agrupación cultural Pionero –conformado por Pepe Charango, Luisa Fernando, integrantes de El Tigre y otras agrupaciones- ofreció conciertos en la calle Morelos, con música folclórica latinoamericana.

"Morelos es muy buen espacio porque, a diferencia de otras calles, este corredor tiene una acústica buena, además era una de las pocas calles peatonales en aquella época", destaca Maico.

La ciudad cambia y también sus ritmos. En los últimos 30 años diversas corrientes musicales han pasado por esta vía, dando un reflejo de lo que pasa con su sociedad.

Mario Núñez, cronista y periodista cultural, resalta cómo en la década de los 90 el género punk se instaló en el cruce de Morelos y Emilio Carranza frente a la escultura La paz, de Cuauhtémoc Zamudio.

"Aunque no tocaban, sí llevaban esas grandes grabadoras de pilas y estaban ahí con su música toda la tarde. Llegaron a incomodar tanto que la policía terminó por quitarlos", apunta Núñez.

Variedad de propuestas

Las propuestas son distintas: desde jóvenes migrantes que tocan el acordeón por una moneda, los invidentes que cantan y con pandero marcan el ritmo hasta jóvenes que tocan violín o flauta.

Es importante que haya esta variedad de opciones frente a los altos decibeles de la música comercial que sale de los centros comerciales, destaca Homero Ontiveros, tecladista del grupo Inspector.

"Es interesante porque, en algunos casos, son jóvenes que no van a tocar solo por recibir una moneda, sino que quieren mostrar su propuesta; eso tendrá que tener una repercusión positiva a futuro", explica Ontiveros.

Son reconocidos los puntos en diversas ciudades en Europa o Estados Unidos donde los músicos toman la calle para expresar su arte.

Junto al Arco de la Independencia, la calle Morelos es un sitio que se identifica por ello, a pesar de su giro comercial.

Faltan espacios de promoción

Otra situación que refleja que jóvenes músicos usen la calle como escenario –como también lo hacen los payasos y los llamados "esculturas urbanas" en la Macroplaza y Paseo Santa Lucía- es la falta de espacios para promover su trabajo.

"La falta de espacios es algo evidente y que ahí está. Yo no veo cómo se pueda solucionar algo donde el municipio o el Estado interfieran", refiere Maico.

Otra condición contraria es lo elitista que se está volviendo el espectáculo de la música, con conciertos cuyo costo por entrada es cada vez más elevado, refiere Homero Ontiveros.

"El músico gana de los conciertos y presentaciones, pero hoy en día se está volviendo ya un lujo hacer que la gente vaya a los conciertos", expresa.

Es interesante conocer las historias de quienes ofrecen su propuesta artística en la calle Morelos, pues, a final de cuentas, otorgan identidad para la ciudad.

"No sé si la cuidad gane o pierda con los músicos callejeros, pero son parte de ella", indica Mario Núñez.