A 30 años, aún duele la herida de Fundidora

Ex trabajadores narran sus recuerdos en la empresa que por años se convirtió en su segundo hogar.

Monterrey

Alonso El Chino Villegas y Mauricio Bernal Botello llegan a la cita en la casa del cronista Esteban Ovalle Carrión, en la colonia Fabriles. Los tres son ex trabajadores –o "mineros", como se auto nombran- de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey.

Los tres forman una estampa que se replica en barrios como La Moderna, Buenos Aires o la colonia Acero. Una comunidad que se formó a la par que en los altos hornos se formaba el acero.

Entrevistados por MILENIO Monterrey narran cómo ingresaron a esta empresa y la herida que dejó en sus vidas el cierre de la acerera. Es la voz de los ex trabajadores a 30 años del cese de operaciones en la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey.

Amable y de buena memoria, Mauricio Bernal Botello hace gala de sus recuerdos al hablar de sus 22 años trabajando en la Fundidora.

Entró en 1962, primero desde el ámbito de la limpieza. Junto con sus 10 hermanos, cursó en la Escuela Acero, gracias a que su padre ingresó a la empresa en la década de los 40.

"Estabas a la espera de que te llamaran y nomás escuchabas '¡oye, que faltan tantos en el horno alto!' o que '¡faltan dos en aceración!' y pues te ibas. Empezó uno como todo, de limpieza", asegura.

Asegura no haber sufrido de algún accidente fuerte, si acaso uno que otro golpe cuando alguna herramienta caía o alguna pieza de metal.

Lo que más recuerda de trabajar ahí era el calor, tanto que en verano contaban con hieleras para tener disponible agua fresca.

"En invierno pues muy padre, te arrimabas al calorcito. Pero en verano era un calorón", recuerda.

Al conocerse la noticia del cierre, cuando por la tarde del nueve de mayo les pidieron retirarse a sus casas, don Mauricio tomó las cosas de la mejor manera.

"Pues empezaron que no había material, que no entráramos. Desde marzo ya empezó a escasear todo, sabíamos que algo pasaba", asegura.

Tras el cierre continúo trabajando como plomero y electricista, empleos que hoy mantiene el vecino de la colonia Fabriles.

Por su parte, al Chino le gustaba trabajar en la acerera de Monterrey. Estuvo ahí durante 20 años y pudo entrar gracias a un hermano.

Nacido en General Terán, el encanto de trabajar en Fundidora terminó cuando el 9 de mayo de 1986 se les notificó que la empresa cerraría. De ahí surgió el enojo.

"Nadie nos daba trabajo, no había donde trabajar. Ibas a una fábrica, te decían que todo estaba bien pero no te daban trabajo porque venías de la Fundidora", asegura Alonso Villegas Cantú, quien laboró como operario de grúa viajera por 20 años.

Como no había empleo en Monterrey para ellos, migró hacia Estados Unidos; años despues fue deportado a México.

A tres décadas del cierre de la Fundidora de Fierro y Acero y su conversión al Parque Fundidora, asegura haber visitado el sitio muy pocas veces desde entonces.

"Nos dieron pensiones de dos o tres millones de pesos de los de antes, por trabajar tanto tiempo. ¡Si nos hubieran liquidado bien no hubiera tanta gente fregada! Cada que voy (al parque) me da algo, no sé, como coraje", afirma.

Con libros como Los mártires de Fundidora, el cronista Esteban Ovalle Carreón, ex trabajador de la Fundidora por 30 años, se ha dado a la tarea de recoger los testimonios de los ex mineros.

Asegura que este 9 de mayo no hay nada que celebrar, sólo recordar. Y claro, que se dé una respuesta clara a los regiomontanos pues la versión de que los trabajadores quebraron a la empresa, asegura, es falsa.

"No es festejo, sólo es recordar lo que pasó. Hay gente que quiere aclarar las cosas y desenmascarar lo que nos hicieron", puntualizó.