“Se escribe con la intención de encontrar poesía en la fatalidad”

La escritora Vanessa Garza explica que 'Canto al fin del mundo' surge del ambiente en Monterrey en el año 2010, cuando la violencia del crimen organizado desmoronaba la imagen de la ciudad y sus ...
Garza explica que uno de los personajes en la novela, el Moro, está inspirado en un pandillero de su colonia.
Garza explica que uno de los personajes en la novela, el Moro, está inspirado en un pandillero de su colonia. (Especial)

Monterrey

Miedos, soledad y sugestión cotidiana en una ciudad del futuro; cuerpos y robots son parte de Canto al fin del mundo (UANL-Acero, 2014), de la autora local Vanessa Garza, quien retoma algunos elementos de la ciencia ficción y otros de la realidad para esta novela impregnada de relatos que se unifican como parte de dos temas centrales: la violencia y la destrucción. En entrevista comenta cómo configuró esta obra con tintes apocalípticos.

¿De dónde nació Canto al fin del mundo?

La novela surge del año 2010, año en que la ciudad de Monterrey atravesaba uno de los momentos más álgidos en temas de seguridad, había bloqueos y ataques casi diariamente. Por otra parte, yo estaba pasando por un momento personal difícil, mis padres acababan de fallecer en circunstancias muy duras. De este ambiente nace Canto al fin del mundo, de la sensación del mundo que tal y como lo conocíamos, se estaba desmoronando y al mismo tiempo, de la sensación de belleza en esa destrucción. La novela se escribe con la intención de encontrar la belleza dentro de lo que se termina y de encontrar la poesía dentro de la fatalidad.

En tu obra hay ciencia ficción y temas que no se alejan de la realidad, ¿qué tanto es la referencia del entorno y qué tanto la de la fantasía?

En este punto tuve mucho cuidado de no hacer una novela que se confundiera con novela de denuncia o periodismo, por este motivo hay muchos elementos de ciencia ficción, pero por otra parte traté de dejar espacios vacíos en el relato para que el lector pudiera llenar los huecos a su gusto. En la novela hay políticos corruptos, sicarios y personajes que desgraciadamente son una realidad en nuestro país, pero mi fin fue hacer ficción con ellos, la aparición de estos personajes fueron casi por accidente. Fueron escritos en un flujo de conciencia que muestra lo que yo estaba viviendo o viendo en ese momento. Como comenté, ese año, fue un año de muchas muertes y miedos, fue un año confuso del que todavía no salimos del todo, año en el que la violencia se encuentra inmersa entre nosotros, a diferencia de que sea un factor externo o proveniente del Otro, como nos gusta pensar.

Y en perspectiva, ¿podría ser una interpretación del fin del mundo?

Más que el fin del mundo, lo vi como el fin de un mundo, de la idea de una ciudad. Creo que cada ciudad nace a partir de una serie de conceptos. Monterrey se funda con la idea de una ciudad que nació en un territorio desértico y difícil (a pesar de que recuentos históricos han revelado que esta idea era falsa), que a base de la naturaleza trabajadora y honrada de sus habitantes se construyó una de las ciudades con más pujanza económica del país. Alrededor del año 2010 se han tenido que replantear esas ideas, nos vimos rebasados por la realidad, y ésta, y la ficción quedaron confundidas.

En tu obra hay epígrafe, sin dejar cada capítulo sin su título, ¿cómo trabajaste la estructura?

Hice una novela en la que cada capítulo es parte de la historia pero a su vez es una unidad en sí misma. Cada fragmento de la novela cumple con una función, pero el capítulo en sí ya encierra un microuniverso y un ejercicio estético

¿Cómo moldeaste a personajes que asumen el entorno violento, pero con una interpretación de la sobrevivencia?

El personaje del Moro fue inspirado en un pandillero que era el azote de mi colonia. Mi colonia es como si tuviera una maldición: la mayoría de los habitantes por diferentes circunstancias seguimos viviendo ahí desde hace más de 30 años. Una vez que este muchacho se tranquilizó, llegó la siguiente generación: nuevos niños que quieren robar, que pasan en las noches por los techos y que de vez en cuando los levanta la patrulla. De ahí nace el Moro: de uno de esos tantos muchachos que viven en las colonias que empiezan como un proyecto de vivienda y acaban como lugares en los que cada tanto tiempo hay una visita de la granadera, algún pleito o incluso una balacera.

¿Cómo los trabajaste además con la tecnología que no es como que muy buena aliada en esta obra?

Sí, me gusta la tecnología pero creo que pocos tenemos verdadero acceso a ella. Me interesó más mostrar las contradicciones de ésta que son una realidad en los países en vías de desarrollo: países en los que es posible que un gran número de habitantes puedan tener un smartphone crackeado, pero no tendrán acceso a los servicios de salud básicos. Los personajes convivirán con estas contradicciones: robots defectuosos que asemejan a una condición más inocente y cercana a un animal que a un ser humano. También planteo ciudades que tienen órdenes de autodestruirse bajo ciertas circunstancias, antes que permitir que una población se subleve y finalmente la tecnología en servicio de la vanidad, llevada hasta extremos ridículos.

¿Qué te deja la ciencia-ficción como parte de tu obra?

Si bien no me considero una escritora de ciencia ficción, me atrae por el ejercicio profético que realiza. La ciencia ficción apuesta a narrarnos el futuro, aunque este futuro pueda ser distópico y pone sobre la mesa temas como la manera en que las sociedades se relacionan con su capacidad de desarrollo y los bemoles que esto puede implicar. La novela nace de la incertidumbre de lo que va a suceder con el futuro, ya sea de la ciudad en ese año o conmigo, recién huérfana.