'Traslada' desde la infancia su pasión por las máquinas

Don Mario Treviño Faz vio cambiar a la ciudad junto al ferrocarril, transporte que hoy sólo vive en el recuerdo de los pasajeros.
Don Mario Treviño Faz.
Don Mario Treviño Faz. (Leonel Rocha)

Monterrey

Don Mario Treviño Faz vio cambiar a la ciudad junto al ferrocarril, transporte que hoy sólo vive en el recuerdo de los pasajeros.

Con una edad "que no es necesario decir" en la entrevista, hoy tiene como hobbie la colección de carritos de tren a escala, una actividad que fomentó un familiar cuando le regaló un modelo conocido como Leonel, popular en la década de los 50 del siglo pasado.

Sin embargo, el gusto por este pasatiempo desapareció con los años. Fue hasta que visitó la Asociación Amigos del Ferrocarril, en una exhibición durante la Feria de Monterrey de 1993, que reactivó su pasión.

"En una ocasión vine a una exhibición que había aquí de safaris, en la Feria Monterrey; me metí al edificio y vi una de las maquetas, no sé cuántas horas pasé viéndola, y nomás llego el primero de la asociación y pregunté cómo puedo pertenecer".

Memorias invaluables

Aunque asegura no tener tantos carros miniatura, Treviño Faz sí guarda muchos recuerdos sobre lo que significaba el ferrocarril culturalmente para los regiomontanos.

Como anécdota, relata un dato curioso: Hubo unos años en que la tosferina era una enfermedad común entre las personas, y un supuesto remedio tenía que ver con las locomotoras.

"Por ese tiempo andaba la tosferina y decía la gente que había que ponerse cerca del tren cuando pasara para curarse, porque en ese tiempo eran máquinas de vapor", señala don Mario.

No sólo fueron momentos de gozo, pues las memorias sobre el paso del ferrocarril de pasajeros por la ciudad también incluyen tragedias.

Como ejemplo refiere un choque de un tren y un camión de pasajeros en la Vía Tampico, cercano a la colonia Sada Vidrio.

"Ahí murió mucha gente, de la frenada del tren, los rieles quedaron como charamuscas".

Ataviado con su boina blanca con líneas rojas y un paliacate al cuello, sostiene en su mano una réplica de "El regiomontano", ese medio de transporte que se hizo tan popular en el siglo XX.

"Antes era un disfrute ir a ver pasar el ferrocarril, de toda esa gente que venía de los pueblos. Hoy son puros de carga", asegura.

Se trata de una diversión que le permite recordar un pasatiempo que tuvo en la infancia y evocar momentos en los que esta ciudad se movía en el ferrocarril.