Tranquilo de día, pero de noche acecha la violencia...

La penitenciaría más antigua de Nuevo León está convertida en un polvorín que puede explotar otra vez en cualquier momento.

Ahí está, con la edad encima y los motines a cuestas, con turbas de reos que cada vez son más violentas. Hechos sanguinarios como los de febrero, con 49 muertos, o como los de este miércoles, que dejaron tres presos asesinados y otros 19 heridos, hacen pensar que el sistema de prisiones está obsoleto, o que de plano tenemos un gobierno y un sistema de seguridad penitenciaria muy ineficientes. En el penal del Topo Chico la situación se torna cada vez más difícil, ya que los líderes que controlan las prisiones son cada vez más sanguinarios y no están dispuestos a perder el control, que defienden no sólo mediante la corrupción, sino también con la voz de las balas, de los cuchillos y hasta de los garrotes, bates y varillas con las que han asesinado a sus enemigos. Son las prisiones y su ambiente desagradable, porque no rehabilitan nunca a quienes caen en sus celdas y pabellones, son más bien las universidades del crimen que gradúan de cuando en cuando a los nuevos discípulos, en ese ir y venir de presos, unos que salen libres, otros que llegan a purgar condena y otros que dejaron ahí la piel y la vida en una riña o simplemente fueron asesinados. Son las prisiones mexicanas, es el Topo Chico, la prisión más peligrosa de México en este 2016.