CRÓNICA | POR DANIELA MENDOZA LUNA

"Todavía soñamos, todavía esperamos"

Velada por los Derechos Humanos en la explanada del Museo de Historia Mexicana

Familiares de personas desaparecidas se reúnen para recordarlas y continuar su lucha en la búsqueda de la verdad.

Monterrey

Cuando el rostro de Bruno aparece magnificado en la fachada del Museo de Historia Mexicana se escuchan unos cuantos sollozos. Durante algunos minutos, los congregados han  visto los nombres y las fotos de algunas de las víctimas de desaparición forzada en el estado de Nuevo León, hombres en su mayoría, pero nadie espera ver los grandes ojos y el cabello revuelto de un bebé de tres años.

Está desaparecido desde el 16 de agosto de 2011 y no es el único caso en el que los niños y adolescentes han sido víctimas de este delito. Son 22 los registrados por Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos AC (CADHAC).

En el marco del 65 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, organizaciones de la sociedad civil han organizado una velada; se han enfocado en los familiares de los que están ausentes, pero han recibido la solidaridad de diversas agrupaciones presentes en la explanada.

El termómetro marca seis grados centígrados y hay mucha gente en el lugar, algunos admirando el pino de 10 metros en color rojo que enmarca la entrada al museo, otros tomándose la tradicional foto con Santa Claus patrocinada por una tienda de conveniencia, pero una gran parte admirando la escalinata de acceso al recinto, donde se han colocado velas, cruces, corazones con los nombres de los desaparecidos.

No están todos los nombres de los mil 634 víctimas que tiene registradas CADHAC, algunos familiares aún tienen temor de que su caso se haga público y han respetado sus deseos de anonimato.

“Son sólo algunos que han vencido el miedo, han vencido el qué dirán, han vencido muchos obstáculos y han puesto, sobre todo, el amor encima para seguirlos buscando, y vamos a estar con ellos hasta que los encontremos, hasta que sepamos la verdad”, dice Consuelo Morales al micrófono.

Explica que este delito tan lesivo se aleja completamente de los deseos en los que se inspiró la declaración de los Derechos Humanos, posterior a la Segunda Guerra Mundial, por lo que ahora más que nunca se debe reafirmar el respeto a la dignidad de las personas.

Una mujer mayor, miembro del grupo Mujeres por la Esperanza, señala que no ha sido víctima de este flagelo, pero que cada día reza un padrenuestro por los familiares, para que sigan en el camino.

Laura sabe de lucha, tiene tres años buscando a Mario, su hijo. “Las Navidades y las fiestas son las más duras, porque extrañas más”, dice.

La mujer salió del hospital hace unas semanas, un preinfarto que ella interpreta como un aviso de que su corazón está cansado de tanto dolerse.

Comienzan los acordes de la música: “Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos; que nos digan adónde han escondido las flores que aromaron las calles persiguiendo un destino ¿Dónde, dónde se han ido?”, dice la letra del cantautor Víctor Heredia, interpretada por una de las músicas invitadas.

Mil 634 personas han puesto su denuncia, sólo 60 este año; el número de resolución de casos es infinitamente menor, 42 con vida y 26 por medio del cotejo de ADN.

El avance es poco, sobre todo porque no se conoce a ciencia cierta la magnitud del problema.

A la escalinata sube una mujer que busca a su hermano; se lo llevaron frente a las oficinas de Tránsito de Monterrey desde el 2011, pide a los presentes que no sean indiferentes al dolor.

“Yo busco a mi hermano, como hija sufro por el dolor de mi padre y de mi madre, y porque no sé donde está, por eso les pido que participe, que no tengan miedo, si vieron algo, o escucharon algo por favor ayúdenos.

“Fabián, dónde quiera que esté, hermano, no vamos a parar hasta encontrarte, como Dios quiera, pero te vamos a encontrar”, dice.

A pesar del frío, la gente sigue llegando. Es un colectivo de bicicleteros que se une a la velada, como aquellos que luchan por la participación ciudadana, los derechos de los pueblos indígenas y algunos otros que se dan cita.

La fachada del museo sigue siendo una pantalla, una y otra vez los nombres, una y otro vez los rostros. ¿Dónde están?