En el San Juan esta vez no hubo canciones “panteoneras”

Sin poder “hacer la cruz” en un cementerio de Santa Catarina, don Adán prefiere irse “con su música a otra parte”, que en este caso fue otro camposanto de ese mismo municipio.

Santa Catarina

Literalmente está muerto…

Son las nueve de la mañana, don Adán Mendoza Galván carga su acordeón y se mete al panteón municipal San Juan de Santa Catarina, en busca de clientes que lo contraten para tocar algunas canciones y dedicarlas a sus seres queridos que se adelantaron en el camino.

El cementerio es pequeño y fácil de recorrer, sin embargo, el sol cae a plomo, y aunque corre aire frío, el astro rey cala, y junto con los 74 años de don Adán, le dificultan su chamba. Le espera una jornada incómoda.

El integrante del conjunto musical Los Pavos del Norte, esta vez llegó solo al cementerio. Camina por un pasillo y por otro, ofrece sus servicios, incluso hasta económicos: tres canciones por 100 pesos… pero ni aún así se animan los visitantes del panteón San Juan.

Cada quien en lo suyo, algunos lloran junto a las tumbas, otros lavan lápidas, algunos colocan flores, y así, pero pocos, más bien nadie, se interesa porque don Adán les cante.

“¿Alguna cancioncita para el difunto?”… pregunta el veterano Mendoza, pero pareciera que es ignorado, sólo con un movimiento de cabeza le dicen que no, y él se va con su música a otra parte.

Recorre otros pasillos, pero quien le llega a contestar, sólo se limita a decirle que “ahí para la otra, ahorita no hay dinero”.

Don Adán se fastidia, la edad ya no le permite seguir recorriendo el panteón, y menos sin lograr un cliente.

Son las 11:30 y el viejón no ha podido “hacer la cruz”, cuando en otras ocasiones hasta mil pesos lograba en “un buen” Día de los Santos Difuntos, pero esta vez fue diferente, esta vez, al menos en este panteón, no le fue bien. Ahora sí que laboralmente está muerto, no hay chamba.

Las canciones, como las que comúnmente le piden, esta vez no se escuchan en el camposanto. Es músico enmudecido por la carestía. Esta vez fue derrotado por los vendedores de flores o de comidas que se instalaron afuera del San Juan.

“De a tres canciones por 100 pesos, barato para la gente y nos piden ‘La Cruz de Palo’ y puras de ésas… ‘Te vas, Ángel Mío’ y puras de esas panteoneras, pero no hay clientes. Sí hay, pero ahora no quieren”, dice con desánimo el cantante.

A eso del mediodía toma una decisión: Salirse de este camposanto al no obtener su objetivo, y opta por comunicarse con uno de los integrantes de Los Pavos del Norte e invitarlo a un panteón más grande: el Santa Catalina, que se ubica a unos cuatro kilómetros del San Juan. Se trata de un cementerio particular con más presencia de visitantes.

La respuesta es afirmativa y don Adán espera a que llegue su compañero:

“Aquí está tranquilo todo, está muerto, donde hay más chamba es en el Santa Catalina, vamos para allá nosotros ahorita, aquí está medio tristón, pero para allá hay bastante trabajo. Estoy esperando a mi compañero, aquí no hay (trabajo). Allá está más grande y allá hay todo”, dijo.

“Según el rato que trabajemos sacamos unos mil pesos, como hasta las seis, siete de la noche y cobramos 100 pesos por tres canciones, barato para la gente”.

Finalmente su compañero llega, y urge trasladarse hasta el Santa Catalina, porque se viene la tarde encima y a Adán Mendoza le urge “hacer la cruz”.