En San "Jemo", frente común contra crimen

Habitantes de 16 colonias del sector integran macro organización para defenderse de la ola de robos, asaltos y secuestros que golpean a la zona

Monterrey.-

Un crimen marcó el antes y el después en el sector de San Jerónimo, ubicado en Monterrey.

Era la tarde del jueves 26 de septiembre cuando Juan, nombre ficticio por razones de seguridad, recibió una llamada de su hija.

El pánico se había apoderado de ella tras observar que su casa, ubicada en este sector, era vigilada por sujetos a bordo de dos camionetas, una blanca y una roja, los cuales portaban armas de alto calibre.

“Media hora antes, mi hija de 19 años estaba bañando a los perritos y me habla y me dice: ‘Papá, me asomé por la ventana y vi que pasaron dos camionetas, una blanca y una roja, y vi que llevaban unas armas muy grandes’”, relata Juan.

“Le dije: ‘mi hijita no salgas, guárdate’, y me dio mucho pánico”. “ ‘Están viendo a la casa, papá, me están viendo’, me dijo”.

El miedo hizo pensar a Juan en sus vecinos, con quienes normalmente no tenía una buena relación, pues frecuentemente estacionaba su camioneta frente a su cochera, así que decidió no alertarles.

“Me dio mucho temor y pensé en mis vecinos; error mío fue no hablarles”, menciona con la voz entrecortada.

Al llegar a casa, se encontró con la noticia de que una joven, Roxana Moya Guerrero, de 27 años, quien se dedicaba a la repostería y tenía un negocio en la avenida Anillo Periférico, murió de un balazo en la cabeza.

Se trató de un presunto asalto, pues los delincuentes la atacaron al llegar a casa de su madre en Praderas de San Jerónimo y la obligaron a abrir la caja fuerte que había en el interior.

El saldo: se llevaron 10 mil pesos en efectivo, otros artículos de valor. Sobre todo, una vida.

El remordimiento invadió a Juan. La joven no debió morir, no así. Fue el momento en que se dio cuenta que debía hacerse un cambio.

“Una cosa de lo que más me pegó fue enterarme que ese día habían matado a la señorita y con eso me sentí muy impotente”, menciona mientras se limpia las lágrimas.

“Pensé ir con mis vecinos, con cada uno y disculparme con ellos y decirles ‘lo siento mucho’, por eso tenemos que unirnos y vamos a poner un alto”.

Sábado 5 de octubre, 10:00 de la mañana. Han pasado nueve días desde aquel atraco. Ahora, alrededor de 350 personas, entre vecinos y presidentes de los 12 sectores y las otras colonias que conforman la zona, se congregan en el campo de la Liga Pequeña de Béisbol Colinas, AC.

Algunos vestidos con ropas y accesorios de marcas reconocidas, otros con prendas deportivas y cómodas, desde adultos mayores hasta jóvenes, todos están de acuerdo. El fin es común, lo que se quiere lograr es terminar con la inseguridad que se disparó en este sector en el último año.

Robos a autos, secuestros, extorsiones, asaltos, robos a casas y ahora un asesinato, han sido un padecimiento que va en aumento para los habitantes de este lugar, pues según los organizadores, se tienen decenas de atracos registrados.

No importa que el termómetro se acerque a los 30 grados, o las dificultades para caminar de algunas personas, andar entre la tierra del campo deportivo o los compromisos del fin de semana. La junta se tenía que realizar.

Es la segunda reunión que se organiza desde que falleció la joven, aunque la primera tuvo más respuesta de los colonos.

La invitación es clara: todos deben participar, sin importar la profesión que hayan estudiado o a lo que se dediquen.

“¿Qué quieres para San Jerónimo?”, dice una manta de plástico colocada en la malla ciclónica que separa el campo deportivo de las gradas donde se acomodan los asistentes para escuchar los planes y recomendaciones de vecino a vecino.

Un buzón de sugerencias y opiniones, además de una mesa con un listado para escribir el nombre, la firma y el correo electrónico de cada quien, está colocado en la entrada al sitio recreativo para que nadie se vaya sin dejar sus datos, que serán enviados como una exigencia a las autoridades de los tres niveles de gobierno para que frenen los actos delictivos.

Un folleto con tips de seguridad también es repartido, al tiempo que se informa de un grupo en Facebook llamado “Blindemos Colinas” donde se publican anuncios, se exhiben delincuentes y se mantiene el contacto entre los colonos.

El blindaje con el cierre de la zona, conformada por alrededor de 6 mil viviendas, es una de las opciones que se consideran en San Jerónimo, así como la contratación de vigilancia privada, el control de accesos para servidumbre y la instalación de cámaras de seguridad en los espacios públicos.

“Es obvio que todos estamos frustrados, odiosos (sic), molestos por la incapacidad de nuestras autoridades, pues lo más elemental que nos dice la Constitución es que deben ver por nuestra seguridad”, expresa un asistente.

“(Son) autoridades a las que se les olvida que nosotros somos sus patrones y que a nosotros se nos olvida que tenemos la capacidad de exigir que esto ya no debe pasar, pues queremos esa seguridad por la que pagamos”, expresa.

“Estamos pensando en poner seguridad privada, en poner cámaras y está bien, pero que no se nos olvide que ya estamos pagando por una seguridad que el Estado no nos está dando”.

Nada aún está decidido, pues esperarán la intervención de la autoridad, cuyas acciones hasta el momento los tienen insatisfechos. No ha sido suficiente.

Incluso al mencionarse la iniciativa de la Ley de Juntas Vecinales, que será atendida en el Pleno del Congreso local la próxima semana, los vecinos aplauden, pues de ser aprobada, representaría una esperanza al detallar los requisitos para el blindaje de colonias.

“Esto de Roxana fue algo sin palabras”, lamenta una asistente. Pero no ha sido lo único que ha pasado.

Era la noche de un Halloween pasado, cuando Manuel –de quien también se protege su nombre real- y su familia decidió abrirle la puerta a unos desconocidos para cumplir con la tradición de entregar dulces y frutas a los disfrazados.

Los sujetos ingresaron a la casa, pero se llevaron más de lo que les ofrecían, pues se trataba de un robo a su vivienda.

“Como muchas otras familias fuimos víctimas de un robo”, relata con tristeza ante el micrófono colocado en el campo. “Y probablemente lo mejor sea cerrar las puertas y no promover la entrega de dulces y naranjas y cosas que acostumbrábamos a hacer y que los ladrones aprovechan”.

La privación de la libertad de uno de sus hijos el año pasado es la historia que cuenta la señora Tere en la junta, hecho que califica como uno de los que hicieron cambiar detalles en su vivienda.

“El año pasado, mi hijo fue víctima de secuestro aquí en Colinas y no les puedo explicar lo que vivimos, fue muy muy difícil, y alabado sea Dios que lo dejaron vivo, pero lo maltrataron esos desgraciados y entonces tuve que cambiar cosas en mi casa, puse cámaras de seguridad, desde entonces todas las noches pongo candados con cadenas”, narra.

“Alguien me comentó, ‘pero qué riesgo, no poder salir’, y le dije que es el mismo riesgo lo que está de adentro para afuera, que de afuera para adentro, porque ya lo vimos con uno de los vecinos que se metieron a robar en la madrugada”.

Una hora y media transcurrió desde que comenzó la junta, y el lugar poco a poco es abandonado.Los colonos dicen que éste es el inicio de un movimiento que no terminará hasta tener resultados.

“El recorrido por lograr la convivencia ideal será largo, nos tardaremos y batallaremos; el camino será difícil, lleno de obstáculos”. Es una verdad que aceptan los colonos.

“Pero, ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?”, menciona uno de ellos.