Oso busca comida en facultad de la UANL

Apareció de pronto, con el reflejo del estupor en su rostro. Parecía con hambre, sed, y se veía con mucho miedo.

Monterrey

Apareció de pronto, con el reflejo del estupor en su rostro. Parecía con hambre, sed, y se veía con mucho miedo.

Tanto, que al ver las cámaras enseguida se escondió.

Pobre oso, no lo dejaron llegar a donde pudiera hallar comida, pues el reflejo de los flashes, el sinfín de teléfonos celulares apuntándoles con sus minúsculos lentes, lo intimidó y optó por volver al cerro.

El escenario fue la Facultad de Comunicación, a media mañana. Los estudiantes buscaban cómo retrasarse para exprimirle lo más posible del tiempo al descanso.

En medio de la algarabía, se alcanzó a escuchar un grito de sorpresa, casi de emoción: "¡Un oso!".

El plantígrado, que alzaría poco más de un metro del suelo, caminaba lentamente, hacia los edificios centrales. Joven al fin, seguramente lo atraía el aroma de los hot dogs, taquitos, frituras con queso y toda la comida chatarra que permite a un adolescente sobrevivir a las largas jornadas escolares.

Es tiempo de sequía, y cuando hay seca en el monte, los osos bajan. Ya se han visto en el pasado merodeando por los contenedores de basura, pero nunca tan decididos avanzando rumbo a la cafetería.

Enseguida todos sacan sus teléfonos celulares para fotografiarlo o grabarlo en video. Estaba tan cerca, que algunos pensaron en ir a tocarlo, pero el oso se adelantó.

Optó por darse la vuelta y escapó de nuevo al monte, a los matorrales, a su libertad y a su seguridad.

El oso se fue con hambre, pero completo.