El Nogalar, tras las huellas de la Batalla de Monterrey

Aficionados de la historia realizaron el primer recorrido fuera del centro para visitar una colonia de San Nicolás.
El sector fue testigo del campamento de Zachary Taylor en 1846.
El sector fue testigo del campamento de Zachary Taylor en 1846. (Gustavo Mendoza Lemus)

San Nicolás

Tiene el dedo índice sobre los labios, esperando el momento de opinar.

Andrea Castilleja Rodríguez, de 78 años, es vecina de la colonia Futuro Nogalar y se ha acercado al grupo de 20 aficionados a la historia que visitan la plaza del sector de San Nicolás buscando el campamento americano que instaló en 1846 el militar –y posterior presidente de Estados Unidos– Zachary Taylor.

La mujer menudita, de baja estatura pero con una memoria envidiable, toma la palabra nomás encuentra un resquicio en el discurso del historiador Pablo Ramos.

"Había muchísimos árboles, de los que le llaman milenarios. Yo conocí el Nogalar a los cinco años porque aquí nos traían nuestros padres a pasear y era una cosa preciosa, hermosa".

Este es el primer recorrido histórico que la agrupación Amigos de la Batalla de Monterrey organiza fuera del centro de Monterrey.

Con planos en mano y relatos de la época, los historiadores Ahmed Valtier y Pablo Ramos comandan el recorrido por las colonias Futuro Nogalar y Hacienda del Nogalar, ambas con una historia centenaria.

El primer bosque

La comitiva se reunió a las 16:00 en la Plaza Histórica de la Batalla de Monterrey (Héroes del 47 y Washington, centro) a donde acudieron unas 10 personas.

Pese a la amenaza de tormenta, la caravana de historiadores salió hacia el Nogalar recorriendo toda la calle de Héroes del 47 hacia el norte.

"Es para recrear el paso del ejército norteamericano en septiembre de 1846, por aquí entraron", dice Ramos, de profesión ginecólogo pero amante de la historia regional.

Tras una media hora de recorrido en automóvil se llegó al Futuro Nogalar, hoy repleta de encinos pues los nogales "se secaron hace tiempo a causa de una plaga", recuerda doña Andrea.

Rodeado de bodegas, empresas y casas habitación –mientras que a unas cinco cuadras se ubica el Hospital Metropolitano– todavía es posible apreciar un poco de lo que fue el bosque del Nogalar, que los americanos delimitaron en "más de cien acres" (unas 40 hectáreas).

Las crónicas indican que tras cruzar el desierto de Texas y Nuevo León encontraron por primera vez un bosque en lo que hoy es la avenida Nogalar casi cruz con Félix U. Gómez.

"Se vieron sorprendidos y aquí instalaron su campamento: había sombra y agua y no les importó estar a casi tres millas de Monterrey", relata Valtier.

En el recorrido se habla de frondosos nogales, ojos de agua más grandes que una alberca y una vista de los cerros impecables. Todo se recrea con las gráficas que un pintor realizara un año después de la guerra, y con la imaginación de los presentes.

Buscando el cementerio

Hoy es una colonia privada pero hace más de 150 años la Hacienda del Nogalar fue testigo del campamento principal de Taylor así como del cementerio que los norteamericanos crearon para sus muertos de septiembre de 1846.

Hasta ahora sobreviven algunos encinos mayores a los 20 metros de alto así como tanques de agua situados justo donde estuvieron los ojos de agua.

El recorrido culmina aquí, en la cochera de una vecina que ofrece su casa para que los historiadores den una conferencia sobre la Batalla de Monterrey.

En Futuro Nogalar los asistentes al recorrido le preguntan a doña Andrea por fotografías, recuerdos, piezas. Todos aquellos objetos históricos que seguramente descansan en el patio o jardín de su casa.

Ella les responde que no hay nada de eso. Su familia era pobre y no había ni ganas de pensar en comprar una cámara para fotografiar el paisaje. Dice que viene saliendo de un infarto cerebral y ya recuperada ha empezado a recordar cosas, principalmente porque está escribiendo la historia de sus abuelitos.

"Tengo un secreto: cuando me entregaron la casa, hace como 50 años, encontraron un cuchillo muy raro en el patio, tenía el mango como de hueso, parecía una daga".

¿Y no lo tiene señora, no lo conservó?, le preguntaron.

"No, nos lo quitaron luego luego los de la obras. Nunca había visto un cuchillo así". M