Muestran 'entre ochos' que sus vidas no tienen límites

La asociación Danza Aptitude Arte y Discapacidad presentó en el Auditorio San Pedro a 20 artistas con síndrome de Down junto con dos bailarines del Ballet de Monterrey.

San Pedro Garza García

Una de las historias navideñas que más veces se ha contado por medio de la danza es El Cascanueces, pero aunque pareciera que siempre es igual, este año sorprendió al presentar a bailarines que no sólo cumplieron a la perfección con cada ocho de la coreografía, sino que además bailaron con el corazón.

La noche del lunes la asociación Danza Aptitude Arte y Discapacidad AC realizó su gran gala de Navidad en el Auditorio San Pedro, donde 20 de sus artistas, jóvenes con síndrome de Down, deleitaron al público con una interpretación del famoso cuento de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.

Esta asociación, que fue fundada en Guadalajara y abrió hace unos meses una sede en Monterrey, tiene como misión sensibilizar e informar a la población todo lo que son capaces de hacer las personas con discapacidad, principalmente con síndrome de Down.

Las posibilidades son ilimitadas, y ellos buscan integrarse completamente a una sociedad artística.

Mariana Braña dio vida al soñador personaje de Clara, quien recibe una sorpresa durante la noche de Navidad. Su padrino le obsequia un soldado cascanueces, papel interpretado por Enrique Melo.

Los jóvenes de la asociación contaron con dos invitados de lujo en su compañía, el Ballet de Monterrey se unió a esta representación con la inclusión de Laura Boltril quien interpretó a la Hada de Azúcar, y Santiago Gil quien dio vida a el Caballero. Además, el actor Francisco de Luna ocupó el cargo de narrador.

En medio de la noche, Clara siente compasión por su cascanueces y mientras lo acurruca todo cambia: las murallas, los juguetes y los soldados crecen, y entra en escena el Rey de los ratones (David Gutiérrez Marcos), quien seguido de enormes animales de su misma especie enfrenta a un grupo de soldados.

El cascanueces cobra vida en un príncipe, se levanta y dirige la batalla apuntando con grandes cañones que arrojan balas de dulces, y así logra la victoria.

El Cascanueces y El Rey de los Ratones se dividió en dos actos y uno tercero de urgencia, para poder solucionar un problema técnico que surgió con el audio durante la pieza del Hada de Azúcar.

En el espectáculo también participaron alumnos de Effeta y unos más de la Universidad Regiomontana.

Los más de 20 artistas con Síndrome de Down demostraron tener un control completo del escenario, pues realizaron sus movimientos con todo su corazón, lo que logró cautivar a los presentes, principalmente familiares y amigos.

Aunque el público mostró gran algarabía –en un momento unos familiares hicieron ruido con una matraca-, los jóvenes bailarines no se desconcentraron en ningún momento, sólo aprovechabron los espacios entre piezas para alzar su mano y saludar.

Después de una hora y media la compañía completa salió al escenario para agradecer la ovación que el satisfecho público les mostró de pie.