Madres que no están... pero su memoria vive, trasciende

Si olvidáramos de dónde venimos, no sabríamos quiénes somos y sería como negar a quienes nos dieron el ser. Vivas o muertas, nuestras madres nos regalaron el ser.

Los panteones de la ciudad albergaron esta semana a miles de visitantes que acudieron para recordar a sus madres, quienes reposan en el valle de la eterna serenidad. Hijas, hijos, nietas y nietos se dieron a la tarea de limpiar las tumbas y colocar arreglos florales, fotografías e incluso llevaron comidas y hasta música al pie de las lápidas en donde reposan las mujeres que les dieron el ser. El martes fue 10 de mayo, pero desde el domingo 8, mucha gente se adelantó para visitar las tumbas de esas damas para demostrarles su cariño y hacerles saber que, estén donde estén, su recuerdo sigue tan vivo como cuando estaban aquí. También les demuestran que su amor y agradecimiento serán eternos, porque así ha sido desde hace muchas generaciones y así seguirá siendo por el resto de la historia humana. El tributo a los ancestros es casi instintivo y el entender el valor de la vida y la muerte es un acto racional que nos vuelve sensibles, humanos, porque tenemos conciencia de su importancia. La experiencia de nacer la vivimos a solas porque no la entendemos aún, pero la madre, viva o muerta, nos acompaña desde entonces por el resto de nuestras vidas...