Madre se lleva a su Ángel hasta la tumba

Imelda Irasema Elizondo Montelongo, de 38 años, ya había viajado en otras ocasiones a aquella localidad de Zacatecas.

Monterrey

La intención de Imelda Irasema era disfrutar de unos días de descanso, y visitar, en compañía de su hijo y una de sus amigas, el templo de San Gregorio Magno, donde se encuentra la estatua de madera de Nuestro Padre Jesús de Mazapil.

Nunca imaginó que serían los últimos momentos de ella y de su pequeño Ángel Mateo, de 2 años de edad. Ambos habitaban en la colonia Unidad Modelo, en el norte de Monterrey.

La tiendita de abarrotes que ella poseía y atendía personalmente en la calle Maya, permanecía solitaria, triste, mientras los cuerpos eran velados.

Los funerales se llevan a cabo en unas capillas ubicadas en la avenida Aztlán, y la mañana de este sábado serían sepultados.

Imelda Irasema Elizondo Montelongo, de 38 años, ya había viajado en otras ocasiones a aquella localidad de Zacatecas.

Esta vez había sido invitada por una amiga que radica en Monterrey, pero que es originaria de Mazapil.

Se trasladaron por su cuenta, es decir, no formaban parte del grupo de peregrinos de la parroquia de la Santa Cruz, de la colonia San Martín.

De hecho, la amiga de Imelda logró salir con vida, aunque lamentablemente perdió a ocho familiares que tenían su residencia en Saltillo, Coahuila.

Ella se salvó de manera circunstancial, pues al momento de integrarse a la peregrinación, decidió regresar a casa de un familiar, por algo que había olvidado.

La sobreviviente regresaba a acompañar al grupo cuando se produjo el accidente.

Gerardo Elizondo, hermano de la joven, señaló que ellos, como familia, se reservarán el derecho de entablar acciones legales contra el responsable.

Consideran que nada, ninguna determinación de las autoridades, y ningún castigo contra el o los culpables, regresará el tiempo y la vida de sus dos seres queridos.