“Me dicen que el morbo incita a seguir la lectura”

El escritor Luis Panini habla sobre 'El uranista', donde narra la vida de un viejo, aficionado a los rompecabezas y a ver hombres jóvenes.
La literatura regionalista no es algo que le interese, comentó.
La literatura regionalista no es algo que le interese, comentó. (Especial)

Monterrey

La obra El uranista (Tusquets, 2014), de Luis Panini, aborda cuatro días en la vida del viejo, un aficionado a los rompecabezas y a ver hombres jóvenes, que detona en los avatares de su ambular, con el peso de la edad y de la vida moderna a la cual confronta desde el rechazo de una ciudad para la que es como un dinosaurio en extinción. El autor regiomontano nacido en 1978, y que radica en Los Ángeles, California, nos platica de esta novela que él denomina como "peatonal".

¿Cómo trabajaste una novela con un tema diferente e incluso difícil?

Es una novela de personaje y sí mi escritura es muy distinta quizá a lo que escriben otros autores, quizá por el hecho de que desde hace 17 años resido en Estados Unidos. No me gusta la narración de un pueblo o la literatura regionalista. En mi caso me interesa abordar temas universales y hasta he tratado de hacerlo sin nombres propios, como en esta obra, que el protagonista es el viejo. Porque me gusta transmitir la idea universal, y es un poco distinto mi estilo en parte por tanto tiempo que he vivido fuera y mi sintaxis ha cambiado un poco, lo que me ha ayudado a formar un estilo propio.

Que tu obra, como se dice, es de un solo aliento, de saber qué va a pasar

He recibido docenas de mensajes, muchos en mi cuenta de Facebook o en mi e-mail, y lo que me dicen todos es que no pueden dejar el libro a medias, y me comentan: "El morbo me incitó a seguir la lectura" y eso me agrada.

Sin ser una obra breve todo sucede en un fin de semana, ¿cómo la trabajaste a nivel estructura?

Sucede en un fin de semana y en el lunes, es sólo una parte del viejo, para ver cómo se sentía un hombre no sólo rechazado por su ciudad, pues de alguna manera el viejo es un dinosaurio en extinción. La considero una novela peatonal, de un hombre que avanza y lo que siente mientras camina. Me sucede que cuando troto es cuando más pienso en mí, y qué mejor que hacerlo caminar como el personaje del viejo.

¿Qué tanto Monterrey está presente en tu obra?

Monterrey ha estado poco presente, quizá en Terrible anatómica, donde hay un cuento que se titula "Para desfigurarle el rostro a una doncella", que captura algunos giros lingüísticos. Pero hasta hoy he tratado de rehuir de la especificidad geográfica.

A veces me inquieta un poco sobre la etiqueta de literatura del norte. No me considero un autor del norte, sino un autor
regiomontano.

Es una obra además que es de miradas, de observación, muy detallada, ¿hiciste trabajo de campo como quien dice?

Me atrae un poco y me da pena admitirlo, pero me agrada observar. Para esta obra me puse a ver la gente en un centro comercial. Y desde luego me inquieta el tema de esa manera cómo los hombres les atraen los menores de edad desde la mirada.

Y pensaste en que sería complicado abordarlo desde la ficción, por el tema que en lo social siempre ha sido delicado.

Claro, porque es alguien que se le pudiera considerar como un monstruo social. Pero en este caso, al mostrar a un personaje pues hay una línea muy delgada entre pensarlo y hacerlo. Y cuando la gente me pregunta les respondo que hay una diferencia entre decirlo a hacerlo, y les remarco es como cuando piensas en matar a alguien. Mientras no se crucen ciertas líneas.

La palabra uranista ha tenido varias acepciones, ¿en la del libro a cuál refiere?

Primero decían que era una psique femenina atrapada en un cuerpo masculino, entre otras, a la que me encamino es a la escuela que existió en el siglo XIX de un grupo que se autodenominó los uranistas, que radicaba en apreciar la estética masculina; la idea en este contexto era de la inclinación hacia la belleza masculina joven, por parte del viejo.

Y en esa soledad el viejo arma rompecabezas...

En la obra es cómo se va ensamblando la vida del viejo, como un rompecabezas. El viejo busca mucho este tipo de rompecabezas. Como el cuadro de Joaquín Sorolla que retrata a un muchacho con un caballo que va saliendo del mar, y que al viejo le agrada.