'Cultiva' desde hace 30 años recuperación de archivos

La perseverancia de gente como Jesús Ávila Ávila ha salvado acervos históricos estatales olvidados entre escobas y trapeadores.
Le rendirán homenaje mañana en la sala Zertuche del Colegio Civil.
Le rendirán homenaje mañana en la sala Zertuche del Colegio Civil. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

A la par que estudiaba la carrera en Historia, Jesús Ávila Ávila trabajaba como jardinero en la Facultad de Agronomía, en Marín.

Con la paciencia de quien cultiva, ha pasado 30 años custodiando y poniendo en orden los archivos municipales de Nuevo León, que en alguna época "compartían espacio con escobas o trapeadores".

"Historias de terror abundan", expresa el archivista e investigador Jesús Ávila, coordinador del Archivo Administrativo del Estado de Nuevo León. El día de mañana será homenajeado en la Feria Universitaria del Libro UANLeer por sus tres décadas de trayectoria.

¿Cómo llegas a trabajar en los archivos de Nuevo León?

El interés llega cuando yo estudié la Licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras, pero además desempeñaba el oficio de jardinero en la Facultad de Agronomía en 1983. Fue a través de Irma Ponce que pude acceder al Archivo General del Estado y a raíz de esta recomendación llegué al archivo, donde inicié esta saga que ya tiene más de 30 años también con el apoyo de Leticia Cárdenas.

¿Con qué se encontraban hace 30 años en los municipios?

Junto a Meynardo Vázquez empezamos a trabajar ofreciendo apoyo a los archivos municipales y nos dimos a la tarea de recorrer todo el estado. Eran situaciones de completo abandono para estos depositarios del patrimonio documental, muchas veces compartiendo el espacio entre escobas, trapeadores, era una situación lamentable. Algunas excepciones eran Montemorelos, Salinas Victoria o Monterrey, con el apoyo del maestro Israel Cavazos.

¿Es labor quijotesca la del archivista?

Al descubrir tantos documentos de valor histórico para nuestro municipio, además del abandono en que se encontraba, fue un incentivo y tomó la importancia de emprender esta empresa.

Recuerdo jornadas maratónicas de lunes a lunes, a veces durmiendo en una combi y donde la cena eran unos fritos con refresco. Jornadas memorables, que tienen los ribetes de empresas quijotescas y que compañeros como Agapito Renovato o Eusebio Sáenz emprendieron para mejorar en lo posible los archivos.

¿Cuál es la situación a 30 años?

Podemos decir que hay un antes y después. En ese tiempo nos dimos cuenta que si no establecíamos un instrumento formal donde comprometiéramos a las autoridades, el abandono a los archivos iba ser el cuento de nunca acabar.

De esa experiencia vemos que tiempo después, hace unos 10 años, el Conarte empezó a trabajar en los archivos y hoy brinda asesorías a los municipios para la mejora de archivos.

¿Algún documento que recuerdes en especial?

Recuerdo uno puntual de Agualeguas, una estadística de 1854 que es tan puntual porque hacía una descripción de cuántas casas eran de terrado, cuántas de doble piso, cuántas gallinas, era un documento muy detallado, como una fotografía del municipio.

También recuerdo los documentos de personajes de la Independencia, como Juan Ignacio Ramón, en Lampazos, o episodios de la Guerra de Reforma o la Revolución en Montemorelos o Linares. Realmente el acervo de Nuevo León es bastante rico en ese aspecto.