Invidentes enfrentan lucha diaria contra la indiferencia

Banquetas en mal estado o alcantarillas destapadas son riesgos potenciales para este sector de la población.
Los peligros están latentes.
Los peligros están latentes. (Cuartoscuro)

Monterrey

La vida de quien no posee la capacidad de ver puede volverse un tormento, sobre todo en una ciudad donde persiste la falta de cultura vial, de rampas y banquetas en buen estado y de un servicio de transporte donde los choferes en ocasiones abandonan el pasaje.

Laura Idalia Rodríguez perdió la vista hace cuatro años a consecuencia de la diabetes. Después de superar por meses con ayuda de su familia la depresión originada tras la pérdida de la vista, ella apenas comienza ese largo y pesado andar por las calles de la metrópoli regia.

Sin embargo, Laura Idalia relata que más que las calles, es la gente quien más los afecta.

"Van manejando y no usan los espejos. Una vez un señor con su auto dio reversa y alcanzó a golpear mi bastón y se baja muy enojado, me reclamó y cuando vio que era invidente se disculpó diciéndome, disculpe es que no la vi; yo le respondí, no, usted discúlpeme porque yo no lo vi" relata Laura Idalia, señalando que este problema se repite con rampas o franjas para discapacitados, que la gente sin enfermedades de este tipo no valora lo útiles que son.

Una muestra de ello ocurrió también a Efraín, quien aguardó hasta dos horas para subir a un camión ruta 117 Vicente Guerrero. Él labora en el centro de la ciudad y utiliza ese camión en específico para regresar a su casa hasta el municipio de San Nicolás; sin embargo, cambios de ruta por los propios choferes e incluso la indiferencia de algunos hace que Efraín resulte perjudicado.

Tras hora y media de aguardar en el parabus de Juan Ignacio Ramón y Emiliano Zapata, Efraín levanta su mano tras el grito de otros usuarios que abordarán la unidad 127, aunque para su desgracia la unidad no se detiene sino hasta varios metros más adelante. El resto de los usuarios, los que pueden ver, corren hacia la unidad mientras Efraín sólo escucha cuando el motor arranca.

Media hora más tarde una nueva unidad pasa frente a él. En esta ocasión ni siquiera tiene que hacerle la señal para que se detenga, pues el conductor lo conoce: "Súbase Efraín, ¿cómo que lo dejaron?", expresa el conductor al conocer los horarios del invidente y saber que si dos horas después sigue ahí es porque ninguno de sus compañeros choferes lo ha levantado.