Hijos pagan “problemas no resueltos” de los padres

El maltrato por parte de sus padres es la principal razón de su estancia en instituciones donde son cuidados por personas ajenas a su familia.
A los más grandes se les prepara para hacer su proyecto de vida.
A los más grandes se les prepara para hacer su proyecto de vida. (Roberto Alanís)

Guadalupe

Más de 900 menores de edad actualmente habitan en distintas instituciones donde permanecen diariamente bajo el cuidado de personas ajenas a su familia, y conviven con su familia algunas horas a la semana.

El maltrato por parte de sus padres es la principal razón de su estancia en estos lugares, y otra de las causas es la falta de recursos de sus progenitores para mantenerlos.

Aunque hoy algunos estarán en compañía de sus madres, estos pequeños esperan algún día volver a vivir junto a ellas, o al menos tener una figura materna en otra persona.

Si bien es cierto que no todos nacen sabiendo ser padres, estos pequeños han pagado los "problemas no resueltos" de los mismos, explica Adriana Martínez Morales, psicóloga del Departamento de Adopciones en el Centro Capullos del DIF Nuevo León.

"Principalmente (los menores llegan) por la falta de habilidades de los papás que se derivan en muchas de las ocasiones por problemas generacionales de maltrato que van de una generación a otra.

"Es un problema social, creo yo, bastante grande. Aprendemos mucho de cómo nos trataron, el cómo vamos a tratar a nuestros hijos en un futuro", menciona la psicóloga.

Según reportes, el Centro Capullos recibe aproximadamente 80 niños al mes tras ser víctimas de abuso sexual, golpes o abandono; al llegar se les asigna un equipo multidisciplinario: su abogado, trabajador social y psicólogo.

Mientras tanto, los padres están en un proceso de hacer los cambios que el niño requiere para poder reintegrarse con su familia biológica, explica Perla Enríquez Villarreal, coordinadora del Departamento de Adopciones.

"La primera intención que tiene el Estado es que los niños estén con su familia biológica. Entonces trabajas con ellos en diferentes programas para que el niño esté en la institución porque ya de plano no hubo ninguna opción entre la familia.

"Mandas a la familia a que haga ciertos cambios y mientras realiza estos cambios, viene y visita al niño y conviven. Entonces ya les damos el oficio donde ya están dados de alta de la terapia y entonces ya puede ir el niño con sus padres".

Por otra parte, a los adolescentes que están por cumplir la mayoría de edad y continúan en el Centro Capullos, se les prepara para su proyecto de vida a fin de que al salir de la institución puedan decidir si continúan en la espera de una familia adoptiva, de una familia solidaria o si decide vivir en otra institución y continuar recibiendo visitas de su familia.

"Vas viendo su proyecto de vida, si su proyecto de vida es la adopción están en el Departamento de Adopciones y estamos en búsqueda de una familia; si su proyecto de vida es de una familia solidaria lo vas trabajando con una familia solidaria; si su proyecto de vida es entregarse a una institución que ya no sea Capullos, que sea otra institución donde puede estar viviendo y conviviendo con su familia biológica, también puede ser".

Algunos son abandonados por sus propias madres al no contar con los recursos para mantenerlos o simplemente no quererse hacer cargo de ellos.

Ante esto, la ley otorga 30 días para que la mujer desista a la decisión tomada, de lo contrario, el niño pasa a iniciar el proceso de adopción.

"Legalmente existe una figura jurídica, puede firmar un documento donde lo pongan en adopción, y entonces se le pasa a la mamá con el psicólogo. La ley le da 30 días para poder desistir del documento que firmó, si ya no viene, ya estamos en que él inicie un proceso de integración legalmente, pero terapéuticamente no, ya que el niño dice 'ayer estaba en mi casa con mi mamá y hoy estoy en otra casa'. Se tiene que ubicar al niño, muchos podrán estar liberados legalmente, pero terapéuticamente todavía no lo están", explicó Enríquez Villarreal.

Algunos especialistas consideran un problema social y generacional por parte de los padres esta situación, explica.

En Nuevo León, hay 38 instituciones dedicadas a las labores de ofrecer educación, vivienda y sustento a los menores en busca de un mejor futuro para ellos.