Familias viven un domingo militar

El recorrido duró casi tres horas durante las cuales los niños y sus papás pudieron tomarse fotos en los tanques y camionetas que ahí se encontraban.
Los perros adiestrados captaron la atención de los asistentes.
Los perros adiestrados captaron la atención de los asistentes. (Luis García)

Escobedo

Son casi las 10 de la mañana y camiones y más camiones ingresan a las instalaciones de la Séptima Zona Militar, una estampa inusual porque sus pasajeros son decenas de familias del municipio de Apodaca.

Repletos de niños, los camiones se estacionan a un costado del 22 Batallón de Infantería, y éstos se concentran junto a sus padres en la explanada, donde mandos castrenses ya los esperan para dar inicio al tour.

Es el quinto y último recorrido del año, que se realiza con motivo del 100 aniversario de la institución, y que permite a la población en general conocer la intimidad del campo militar, hasta el área de dormitorios.

No es un domingo cualquiera, y así lo asumen las familias privilegiadas, que tras una breve charla, corren hacia los tanques y camionetas estacionadas ex profeso para que todos se den vuelo tomándose fotografías.

“Nos fueron a ver unos organizadores, que si nos interesaba venir a hacer un paseo, a conocer el campo militar, como familia, ver lo que a veces no vemos, es algo muy bonito”, expresa Joel Sánchez, acompañado de su hija Emily.

Cual si fueran soldados, los niños toman el volante, trepan hasta donde se encuentra la artillería y juegan a ser héroes. El blindaje de las unidades impresiona a los menores, y el sentimiento de utilizarlos en el futuro surge de inmediato.

“A mí (lo que más me gustó son) los carros, porque están blindados, las balas no entran cuando les disparan”, apunta un menor.

El siguiente punto del recorrido es el adiestramiento de los perros, quienes, como era de esperarse, captaron la atención de los menores, primero, con las muestras de obediencia, corriendo en una pista de obstáculos y finalmente, detectando droga escondida en una caja.

Los militares a cargo del recorrido explican que son considerados como cualquier otro compañero, lo que provoca que al final de la exhibición un padre y su hijo pregunten si también son despedidos con honores cuando fallecen. “No lo creo”, responde el mando.

La sala de banderas, y el lugar de entrenamiento de los militares también forman parte del recorrido, pero es tan sólo el previo de otro punto que los niños disfrutan al máximo: el área de juegos para ellos les brinda la posibilidad de jugar a ser soldados, entrenándose de forma similar.

Con rostros felices, el recorrido concluye casi 3 horas después.