Debemos seguir escribiendo, que es donde sale el alma: Gabo

El escritor habló en reiteradas ocasiones del que consideró el mejor oficio del mundo y compartía su sentir con los reporteros que acudían a cubrir sus eventos.
La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano lo traía a la ciudad.
La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano lo traía a la ciudad. (Archivo)

Monterrey

Al término de una reunión privada con los directivos de Cemex y de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano, el salón quedó vacío y la mesa de servicio se llenó de periodistas que hacían guardia afuera.

La sede era un prestigioso hotel de San Agustín, y por ende, las galletas y el café no eran de desperdicio. Tras unos minutos en la degustación, alguien llegó por la espalda y nos tomó por los brazos.

"¿Están buenas las galletas?", dijo entonces Gabriel García Márquez, en lo que fue el inicio de una larga charla con periodistas de Monterrey, en la última vez que vino a la entrega del premio Cemex-FNPI en el Museo de Arte Contemporáneo (Marco).

Tras ocho años de visita a Monterrey, la presencia de García Márquez en septiembre de 2008 sería la última que se registraría. Un año después no llegó por un resfriado, y
para el 2010 la entrega del premio de periodismo se canceló.

La charla de aquella mañana de lunes inició de manera informal, para después convertir en una entrevista donde el Gabo habló de su mayor pasión: el periodismo.

Ahí criticó la premura actual por escribir y publicar, de "cerrar las ediciones" a las cinco de la tarde cuando antes se hacía "a las nueve de la noche" y de "cómo sufría" por las mañanas al hojear los diarios de México, Colombia y del resto del mundo.

"Abro los periódicos, no para saber lo bueno que se hizo, sino lo mal que lo escribieron los reporteros", criticaba en aquella ocasión, una charla inédita conociendo que García
Márquez no daba entrevistas a nadie.

Hablando sobre el futuro, dio su reflexión sobre cómo podría sobrevivir el periódico ante el embate de las redes sociales e internet.

"(El periódico) sí, si lo dejamos acabar. Si no los agarramos y los hacemos subir a pesar de lo otro, nos aburrimos nosotros mismos de eso. La gracia es competir con todos esos aparatos, que son la televisión y la radio, y el 'periodiquito' debe seguir 'toc-toc-toc', es decir, debemos seguir escribiendo, que es donde verdaderamente sale del
alma porque lo demás son máquinas; eso era lo que nos sucedía cuando no había nada más".

Pese a todo, resaltó en que no había mejor oficio en el mundo que el periodismo.

"Ahora, no hay mejor oficio en el mundo que éste, pero ya a mi edad eso ya me aburre mucho, pero en su edad, es una maravilla".

Gabriel García Márquez nació en 1927 en el ya mítico pueblo de Aracataca, Colombia y falleció ayer en la Ciudad de México.

En tierras regias

El colombiano estuvo en la ciudad por última vez en septiembre de 2008, tras 8 años continuos de visitas por su participación en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Gabriel García Márquez es reconocido por sus obras como Crónica de una muerte anunciada, La mala hora, Relato de un náufrago y Cien años de soledad. Se le entregó el Premio Nobel de Literatura en 1982.

Su última visita en frases...

"Abro los periódicos, no para saber lo bueno que se hizo, sino lo mal que lo escribieron los reporteros. El periodismo es un sentimiento que yo llevo por dentro, que no hay nada que hacer, es un vicio, es parte del alma de uno".

"Ahora estoy terminando un libro que, cuando he escrito un libro, hago las correcciones ahí mismo, pero en éste no sé qué sucedió que lo terminé, no me gustó y entonces hice el otro... ahora llevo seis y no sé cómo hacerle para meter en un solo libro los fragmentos de los otros seis que me han gustado... yo no sé para qué sigo escribiendo libros que no le importan a nadie".

"Yo leo ahora todo lo que yo publiqué, porque tengo la suerte de que está en libros y me doy cuenta de que no sería capaz ahora de hacer esas cosas que he hecho".

"Cuando leo por las mañanas cómo sufro, porque veo las atrocidades que hacen... no los leo todos, sólo los repaso hasta que veo una nota que digo: '¡Pa!, ésta es una buena nota', hay que repasar todo, porque cuando menos lo piensas encuentras una joya".

"(Los reporteros) sufríamos tanto que nos emborrachábamos toda la noche para descansar".