Colegio Civil, invadido por la suciedad y el ambiente lúgubre del Halloween

El terror de la temporada de la Noche de Brujas se suma al ambiente tétrico de las malas condiciones de la carpeta asfáltica, la basura, el olor a aguas negras y la contaminación de todo tipo en ...
Brujas, duendes y el payaso Pennywise, de la cinta Eso, aparecen al paso del transeúnte.
Brujas, duendes y el payaso Pennywise, de la cinta Eso, aparecen al paso del transeúnte. (CARLOS A. RANGEL)

Monterrey.-

El ambiente es tétrico, a pesar de lo cotidiano: el asfalto resquebrajado o con algunos baches por el paso de los camiones y el agua encharcada sobre 15 de Mayo y Colegio Civil, los puesteros invadiendo las banquetas, la basura tirada por doquier, la gente sorteando los riesgos al intentar avanzar por las calles…

Todo ello parece confundirse con otras escenas insólitas que provocan los artículos de temporada en venta en esta zona céntrica: brujas, duendes, demonios, seres monstruosos, el horripilante payaso Pennywise (del filme Eso, de Stephen King) y Chucky irrumpen las fachadas, los comercios, los estantes y las estructuras de metal, que ocupan y bloquean prácticamente las calles de ese punto comercial.

El otro desfile, el de la lúgubre rutina del movimiento urbano, continúa con el olor a aguas negras, el hedor a sudor de transeúntes y empleados de las tiendas, de los baños que aún no habían sido lavados y el esmog de las rutas camioneras.

El paisaje citadino exhibe sus contrastes, invadido por lo sobrenatural: personajes del filme Scream, diablos, vampiros, el conde Drácula, las chicas de Monster High, calabazas simulando rostros y seres del imaginario popular, como la Muerte y la Llorona, entre otros.

La estampa de terror en época de Halloween siempre es la misma en esa zona, pero se acentúa y realza aún más en vísperas de la temporada del “dulce o travesura”.

El alud de artículos brota por diferentes escaparates: máscaras, disfraces, vestimentas, pelucas, velos, capas, antifaces, caretas y mascarillas, pinturas, maquillaje, sangre artificial, prótesis dentales y dedos y cicatrices falsos, ensangrentados, CD de música terrorífica y altares de muertos.

Una serie de disfraces pende de la estructura de un puesto, sobre pilas de artículos de la temporada, como calaveras, hoces y tridentes.

Pero la realidad se mezcla con la fantasía. Las arañas, ratas, cucarachas y telarañas reales que hay en esa zona por las noches reaparecen de día en esta época para ser vendidos como bichos de plástico por los comerciantes en sus locales y estructuras acondicionadas para la venta.

“¡Pásele, pásele, Gatúbela sexy con tanga negra!”, grita un vendedor a unos cuantos pasos de “Regalos y Novedades Rosita”, lo que provoca una carcajada de una mujer que es acompañada de su pequeño hijo.

El camión de la ruta 113 Mercado Juárez intenta esquivar y sacarle la vuelta a los baches y asfalto deteriorado en el sector, el mismo cruce con la calle que la administración anterior limpió de puesteros, pero que han vuelto a la zona.

“Sin compromiso, pásele, lo que guste aquí hay”, ofrece un vendedor a los transeúntes, acompañados con la música de fondo de ritmos vallenatos y colombianos que inundan el corredor comercial.

El torrente de paseantes, transeúntes, curiosos, compradores, vendedores, choferes, empleados, cajeras, cargadores y familias asaltan y saturan los locales y establecimientos, dulcerías, jugueterías, perfumerías, relojerías, paleterías, novedades, tiendas, bodegas y casas de cambio en busca de ofertas, promociones, artículos… de todo un poco.