Los tesoros de La Bola

El paraje está cerca de la localidad de Paredón, en las proximidades de los límites entre Nuevo León y Coahuila.

Coahuila

El cerro Bola, la famosa Loma Bola, es un sitio que fue ampliamente investigado por el connotado arqueólogo mexicano Luis Aveleyra, el mismo que hace cerca de 40 años documentó la existencia del Altar de los Cuchillos Enmangados.

El espacio se ubica a escasos dos kilómetros de la localidad de Paredón, en Ramos Arizpe, Coahuila.

En conjunto, este sitio de crestas rocosas es el poseedor de una de las mayores concentraciones de arte rupestre en el noreste de México. Podría decirse que no ha perdido su connotación mágica, ya que la vocación de este sitio abarca desde la etapa paleo india hasta la actualidad ya que el lugar habitualmente es punto donde acuden sanadores y brujos a realizar limpias y curaciones, entre otros rituales.

En la falda del cerro Bola se pueden apreciar algunas trincheras que fueron construidas y utilizadas durante los enfrentamientos ocurridos en la Revolución Mexicana, cuando el caudillo Francisco Villa tomó por asalto Paredón.

El paraje está en la carretera que conduce de Paredón a Monterrey, aproximadamente a 5 kilómetros del límite entre Coahuila y Nuevo León.

Ahí, los antiguos grupos de cazadores recolectores plasmaron en infinidad de rocas una vasta colección de grabados, de entre los cuales destacan las astas de venado y los motivos naturalísticos, sin olvidar las puntas de proyectil. Mención aparte merece una enorme roca, donde los artistas primigenios plasmaron una amplia variedad de imágenes cuchillos y puntas de proyectil, la cual es conocida como el Altar de los Cuchillos Enmangados.

En el cerro Bola hay aproximadamente cuatro reproducciones gráficas de cornamentas de borrego cimarrón en diversas partes del conjunto de serranías y crestas rocosas.

Durante el equinoccio de primavera se puede apreciar un espectáculo asombrosamente bello, donde los rayos del sol aparecen sobre una ventana, la cual fue elaborada para este mismo fin: iluminar una serie de petrograbados en la ladera poniente del cerro.

Además, la figura de un chamán con cabeza de ave es coronada cuando los últimos rayos se ocultan por el poniente.

Abundan las herramientas como cuchillos, navajas enmangadas, "hongos" (que puede tratarse de hondas), cómputos o cuentas a base de puntos donde los expertos consideran que se marcaba el paso de los astros, los periodos de gestación de los venados y de las mujeres; todo esto más dibujos abstractos que todavía no ha sido posible descifrar, pero que se presume son mensajes y señales con lo que se recordaban sus historias, sus hazañas y sus movimientos en busca de mejores sitios para cazar, recolectar y por supuesto, para vivir.

En entrevistas con el especialista Rufino Rodríguez Garza, se ha llegado a la conclusión de que el arte de grabar era función exclusiva de jefes, brujos o chamanes, hombres medicina o curanderos, así como dirigentes, si es que los había.

Incluso, por las crónicas de la época se sabe que los nativos no necesitaban de caciques, pues vivían en armonía y sólo cuando se presentaba un evento de lucha o guerra por territorios o aguajes se nombraba a un dirigente.

El paraje tiene alturas en las que el cazador-recolector pudo observar el llano y el lomerío bajo, ver las presas y así poder cazarlas con facilidad.

Rodríguez Garza comenta insistentemente que el venado era una presa muy buscada porque les proporcionaba carne, piel, los tendones y los huesos, estos últimos utilizados para elaborar punzones; y que en este recinto rocoso se llevaron a cabo ritos propiciatorios para que la cacería fuera abundante, de acuerdo a los indicios de huellas grabadas y astas de venado cola blanca.

También cuando el sol del equinoccio de otoño desaparece por el firmamento es posible observar algunos motivos relacionados con el lobo y algunos felinos; sobresalen también las huellas de venado y bisonte.

La vegetación de la zona es similar a la de otros puntos descritos en esta área, debido a su ubicación en la orilla del arroyo Patos; se cree que este sitio en tiempos prehistóricos pudo llegar a albergar una buena cantidad de población.

Es difícil hacer una estimación sobre la antigüedad de este lugar; no obstante, se puede afirmar que abarca desde un período que remonta a unos 5 mil años hasta la época colonial.